Experiencias de las mujeres de los marinos
exiliados en la posguerra franquista (1939-1949)
Artículo publicado en la revista Laberintos n.º27 en 2025
Experiencias de las mujeres de marinos de la Armada
republicana exiliados en 1939: exilios y represión franquista durante el primer
franquismo (1939-1949).
Nuestro ámbito de investigación ha sido fundamentalmente el exilio de los marinos de la Armada republicana en 1939. Al plantearnos el aspecto de género de este exilio nos interesamos por la situación de las mujeres, compañeras, madres o hermanas, cuando los marinos marcharon al exilio. No son mujeres intelectuales, artistas o militantes de primera fila cuyo exilio ha sido más estudiado. Son mujeres “desconocidas”, cuyas experiencias pueden ser generalizables a poblaciones con características similares.
Las mujeres y familiares de los marinos republicanos vivieron tres tipos
de experiencias: el exilio en 1939, la represión para aquellas que quedaron en
España y finalmente un exilio propio, aplazado y tardío. Son tres aspectos que
nos pueden ayudar a conocer un fenómeno más general y que afectó a más mujeres
desconocidas.
Para estudiar este tema, nos hemos servido de las fuentes habituales
ligadas al exilio en los archivos franceses para Túnez, Argelia y Francia, los
archivos mexicanos y españoles[1] así como las fuentes hemerográficas pertinentes[2].
Además, nos hemos centrado en estudios de caso. Al haber trabajado sobre
la trayectoria y exilio de marinos republicanos exiliados o represaliados,
hemos tenido acceso a las vivencias de sus mujeres a través de los recuerdos
transmitidos por la familia o por ellas mismas, con memorias privadas o
documentación familiar. No podemos dejar de señalar la gran dificultad que
supone obtener información sobre las vivencias intimas y familiares de las
mujeres ya que figuran escasamente en los archivos, reflejo de la invisibilidad
en la que vivieron[3]. Como sus trayectorias vitales radicaron en el ámbito privado, de allí
hubo que rescatarlas. La utilización de los testimonios orales queda
justificada porque estamos tratando de «mujeres de a pie», «gente común» que no
pudieron expresarse a través de una obra creativa o de una actividad política,
y que nos acercan a «la historia desde abajo» (Gago 2007: 125). Hemos
incorporado técnicas metodológicas propias de los estudios migratorios,
relacionadas con el microanálisis, el uso de las fuentes nominativas, poniendo
en el centro del análisis al individuo (García Abad, 2003: 340). De esta manera
hemos trabajado sobre un corpus de ciento cincuenta
mujeres basándonos en los fondos mencionados, en memorias,
correspondencias y entrevistas que iremos indicando en cada caso.
Estos testimonios orales participan muchas veces de la épica familiar (Laborie y Amalric 2003: 20). En cambio, en este caso,
creemos que pecan de sobriedad. No olvidemos que se practicó contra las mujeres
diversas formas de represión específica: rapado de pelo, ingesta de aceite de
ricino y violencia sexual que no aparecen en estos relatos, quizás asumidos
como «normales» en aquella época, y que son evocados con fórmulas generales
como «sufrió mucho maltrato. Mucho[4].»
Las mujeres de estos marinos padecieron las mismas situaciones que muchas
mujeres de soldados, oficiales o funcionarios exiliados. Sus experiencias no
están marcadas por ser mujeres o familiares de marinos sino por ser mujeres de
republicanos y de vencidos. Así, a través de este estudio de caso, nos podremos
aproximar a conocer un fenómeno más general que afectó a más mujeres
desconocidas y olvidadas y nos permite un acercamiento a «la complejidad de lo
real» que caracteriza a todo fenómeno histórico. (Yusta, 2005: 34)
Las mujeres que marcharon al exilio en 1939
Al finalizar la guerra, hubo un grupo
de mujeres de marinos, de las que tenemos identificadas nominalmente cincuenta
y cuatro, que salió de España. con su marido, compañero o hermano.
Algunas partieron hacia Francia en el momento de la Retirada junto a sus esposos que eran principalmente miembros de la Subsecretaría de Marina o de la flotilla de vigilancia de Cataluña. En numerosos casos no pasaron la frontera físicamente juntos puesto que sus maridos siguieron cumpliendo con su rol militar hasta el último momento. Ellas cruzaron la frontera solas, con sus hijos o familiares más mayores. Un buen número vivió una verdadera odisea para sobrevivir «en una situación límite» (Egido, 2018:184). María Alcolea Martínez[5], es un buen ejemplo.
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| María Alcolea Martínez en 1935 en la Escuela de Comercio de Cartagena. (Archivo familiar Libertad Heliot). |
Algunas de estas mujeres que salieron con sus maridos fueron casos
“privilegiados” - si se puede hablar de privilegios en un exilio improvisado y
angustioso- ya que los maridos contaban, por su empleo dentro de la Armada, con
redes financieras, organizativas o políticas suficientes para poner a salvo a
sus mujeres y continuar, en numerosos casos, su exilio a Latinoamérica. Éste
fue el caso, entre otros, de Rita Gutiérrez Martínez,
mujer del ministro de Marina, Francisco Matz Sánchez[7]; de Candelaria Egea Rubio, mujer del jefe de
la Flotilla de vigilancia y defensa antisubmarina de Cataluña, Antonio Yañez
Piñeiro[8] y de María Álvarez Campomanes, mujer del
jefe del arsenal de Cartagena, Norberto Morell[9].
Otras mujeres salieron con la flota el
5 de marzo de 1939. Fueron 21 mujeres y 4 niños y niñas embarcados en el
crucero Cervantes y el destructor Jorge Juan que desembarcaron en
Bizerta, Túnez, quedando desde el 13 de marzo en el antiguo hospicio para
ancianos de Kassar-Saïd la Manouba[10] . Se podría pensar que se trataba de las familias de mandos de la flota,
pero hemos constatado que no fue así. No hemos encontrado entre estas mujeres a
esposas o familiares de mandos significativos de la Armada. Son principalmente
mujeres o hijas de civiles que trabajaban en la Base de Cartagena y provenían
de zonas ocupadas tempranamente por los rebeldes (Cantabria, Vizcaya,
Asturias), dos son mujeres de marinos de la Reserva Naval (las dos de la
provincia de Vizcaya) y nueve de estas mujeres (casi el 43%) eran novias o
esposas de marineros, fogoneros o cabos.
Tres hermanas que marcharon con los barcos de la Escuadra, Josefina, Isabel y Francisca Casanova Torres, ilustran la zozobra que se vivió cuando la flota salió del puerto de Cartagena en la mañana del 5 de marzo de 1939.
| Josefina Casanova Molina en los años 50 (archivo familiar de su nieta Laure Durand) |
Señalaremos, finalmente, que quince de estas mujeres que marcharon con la
flota tenían un oficio, reflejo sin duda de la importancia que la República dio
a la formación de la mujer: eran mecanógrafas, enfermeras, obreras cartuchera
en el Arsenal, modistas, peluqueras e incluso una protésica dental y una
profesora en partos.
Por fin, algunas mujeres marcharon junto a sus maridos a Orán, con la
última ola de exilios en marzo de 1939, a bordo de toda clase de embarcaciones
improvisadas[12]. A veces Orán constituyó también un punto de encuentro antes o después
de la salida de España de los maridos. Por ejemplo, hemos constatado, que del Huntress,
embarcación inglesa procedente de Cartagena, bajaron el 4 de marzo 1939, dos
mujeres de mandos con sus hijos[13]. También llegaron al menos dos mujeres a Orán en el Stanbrook, el
último barco que salió de Alicante, cuando sus maridos estaban ya en Túnez[14].
Mujeres de marinos republicanos
exiliados que se quedaron en España
La gran mayoría quedó atrás y vivió como toda mujer, compañera, familiar
de republicano en aquel momento, es decir, de hombres que fueron fusilados,
represaliados o exiliados. Fueron mujeres invisibles, que se vieron desvalidas
y tuvieron que tratar de sobrevivir, ellas y su familia, en condiciones muy
adversas.
Tenemos numerosas referencias de que, durante los primeros años, no
supieron si sus compañeros habían podido salir de España, estaban en alguna
cárcel o habían sido fusilados con lo cual fueron mujeres de represaliados, sin
que supieran lo que les había ocurrido a sus maridos. Por temor a las
represalias que podrían sufrir sus familiares, los exiliados tardaron en
comunicar con sus familias y lo hicieron generalmente por medio de algún
familiar emigrado a América, a Francia o a través de la Cruz Roja.
Entre las que se quedaron hubo un número consecuente que consiguió
reunirse con sus maridos unos años más tarde, emprendiendo su propio exilio,
especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, es decir que estas salidas se
produjeron en general entre siete o diez años después del fin de la guerra de
España. Sus vías de salida fueron cruzar clandestinamente la frontera con
Francia, o viajar a Argelia y Túnez en condiciones complicadas. Otras marcharon
a Latinoamérica con las dificultades propias para llegar a estos países en
aquellos momentos como fueron la II Guerra mundial y la carencia de embajada de
México en la España franquista.
Nos hemos interesado en particular por este grupo de mujeres por la
diversidad de experiencias que vivieron y porque constituyen, sin duda, la
prolongación del exilio político de 1939 y por la escasez de documentos que
plasmen este exilio poco estudiado.
Las mujeres
que, al cabo de los años, consiguieron salir de España para reunirse con sus
compañeros en el exilio, constituyen un grupo heterogéneo e incluso puede
parecer de «contornos imprecisos» (Yusta, 2005: 6) por la variedad de
situaciones que vivieron, pero, en realidad, a grandes rasgos siguen un patrón
similar[15].
Sus edades
oscilaban entre los 24 y los 43 años en el momento de acabar la guerra y la
media de edad era de 27 años en ese momento. Cuando emprendieron su propio
exilio, habrá que situar la media en torno a 34 años, aunque ya veremos que las
circunstancias de su exilio fueron diversas y que se realizaron en momentos
distintos. En su gran mayoría eran casadas. Vivían y provenían mayoritariamente
de un medio urbano: Ferrol, Málaga o Cartagena. De los setenta y ocho casos de
mujeres estudiados, cincuenta tenían hijos, es decir un 64%.
La mayoría
poseían estudios primarios y también había entre ellas mecanógrafas[16], alguna
maestra[17] o una
fotógrafa[18], profesiones
que habían abandonado al casarse.
Antes del exilio de sus maridos o compañeros eran fundamentalmente
amas de casa, no habían tenido necesidad de trabajar. Sus maridos
pertenecían a un sector social medio cualificado, lo que suponía que incluso
entre las más modestas categorías de la Armada, como los fogoneros, las mujeres
no necesitaran trabajar. De hecho, algunas precisaban al contar sus vivencias
de la posguerra, que nunca habían trabajado para recalcar que era un mundo que
desconocían.
Con el exilio de sus compañeros, cambiaron una situación social media
para vivir a menudo al límite de la supervivencia. Se quedaron “solas” (según
los criterios de la época) en los peores tiempos de hambre y de miseria de la
posguerra cuando se desató una represión y un control social y policial en todo
el país sin precedentes en España, particularmente con respecto a las mujeres.
Y, a la vez, tuvieron que sacar adelante a sus hijos, madres, hermanas o
suegros, con los que más tarde emprendieron su particular exilio. Se
convirtieron en el único puntal del grupo familiar
Fueron mujeres que se quedaron en
numerosos casos ni solteras ni viudas ni casadas ya que los matrimonios que se inscribieron sólo en el Registro Civil[19], quedaron automáticamente anulados
y los niños fueron despojados del apellido paterno.
Por
ser mujeres, madres o hermanas de antifranquistas, fueron
estigmatizadas, rechazadas, amenazadas,
encarceladas, torturadas, condenadas y ejecutadas, fundamentalmente por su vínculo familiar,
como si fuera de por sí un delito.
Creemos
que esta investigación es relevante para conocer cómo mujeres sin recursos
ligados a redes políticas, sociales o financieras, sobrevivieron a las duras
condiciones de vida de toda mujer de vencido en la España de la posguerra y
que, además, encontraron los medios y el coraje para marchar al exilio.
Exclusión social, vejaciones,
amenazas e interrogatorios
La dictadura las estigmatizó y marginalizó, sufrieron exclusión social desde negarles públicamente el saludo hasta la exclusión de su propia familia. Se convirtieron en apestadas.
| Isabel Buforn Lledó el día de su boda en 1923. (Archivo familiar David Giacobbi). |
Algunas
tuvieron la suerte de ser protegidas por su familia que las ampararon a costa
de vivir en un aislamiento social casi completo[21].
Otras sufrieron exclusión familiar, rechazadas por la propia familia, que
eran adherentes del Nuevo Orden. Esto era perder una protección fundamental en
aquella sociedad exclusivamente patriarcal. Esta situación les impelió a buscar
salidas urgentemente. Fue el caso de Consuelo Ros
Nicolás[22], a quien
su familia cerró su puerta cuando ella se encontró su propia casa destrozada
cuando salió la Flota de Cartagena. Tuvo que irse a Barcelona, acompañada por
un primo, donde nadie la conocía y donde trabajó de niñera y en una fábrica
Queremos señalar que, a menudo, cuando hablan de desplazamientos por
España en aquella época, indican que algún familiar las acompañaba ya que hacer
un viaje solas era seguramente impensable en aquel momento[23].
El hambre que pasaron las clases populares en la
postguerra fue un medio de dominación política (Alía, 2017: 216). Las mujeres
de represaliados políticos sufrieron, junto a sus hijos penurias y miseria y
«pasaron hambre, mucha hambre» [24].
Para subsistir y sacar adelante a los hijos, cuando no a sus padres o suegros, en aquella España del hambre buscaron trabajo de lo que podían y a las duras.
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| Puri
Torres Alonso en los años 30 en Adra. (Archivo familiar Nicolás Infante Torres). |
Generalmente
optaron por trabajos de costura en casas acomodadas, pero como casi nadie daba faena a la mujer de un represaliado, la
mayoría tuvo que marchar a otra ciudad donde nadie las conocía. Carmen Ibáñez Muñoz no se pudo quedar en Cartagena.
Recordaba su hija que «tuvo que marchar a Madrid. Trabajaba cosiendo en casas
adineradas por cinco pesetas diarias y la comida. Las niñas, nos quedamos al
cuidado de su hermana que muchas veces nos llevaba a comer al Auxilio Social.
Le daban la cena en las casas que la empleaban y la traía a casa para nosotras»
[26].
Sacaron para comer de donde
pudieron. Hubo mujeres que para sobrevivir tuvieron que ejercer actividades al
margen de la legalidad. Isabel Buforn Lledó, originaria de Villajoyosa,
Alicante[27], tras
vender los enseres de su casa para sobrevivir se tuvo que marchar a
Villajoyosa, de donde era originaria donde subsistió del estraperlo del
chocolate que fue una forma de enriquecerse del sector de la población que
había apoyado la sublevación pero que también fue utilizada a muy modesta
escala por un sector empobrecido para sobrevivir (Torres
Fabra, 2011). Aunque no fue el caso de Isabel, un elevado porcentaje de
mujeres que fueron encarceladas por delitos sociales en la década de los
cuarenta por ser «modestas colaboradoras del comercio paralelo» (Ginard,
2013:34).
La miseria en la que vivían estas mujeres y sus hijos, el control sobre su conducta y moralidad quedan reflejados en la petición de Leonarda Sánchez Gaviña. El 9 de febrero de 1945 presentó en el Ayuntamiento de Cádiz, en la sección de “Huérfanos de la Revolución y la Guerra”, una petición para que sus tres hijos fueran incluidos en el censo de huérfanos ya que su padre estaba desaparecido. La sección pidió a la guardia urbana un informe sobre «conducta, moralidad y pobreza» de la solicitante. «El guardia encargado» declaró que era de buena conducta y moralidad, que «no tiene más medios de vida que la de sirvienta» y que dos de los hijos no van al colegio por encontrarse enfermos mientras la hija mediana «se ocupa de los quehaceres de la casa»[28]. En estas condiciones de hambre, la desnutrición y las enfermedades infecciosas hicieron pronto su aparición (Ibáñez, 2014).
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| Encarnación González Martínez, el día de su boda el 12 de mayo de 1934 con Baltasár Sánchez Huertas. (Archivo familiar Robert Sánchez) |
A la marginación social se añadió una represión «cotidiana», corriente, con amenazas, registros de sus casas, interrogatorios en comisaría o en el cuartel de la guardia civil, humillaciones, palizas y vejaciones que no suelen ser consignados en los archivos correspondientes. Sin duda, estas actuaciones fueron formas de venganza por no tener a los maridos, hermanos o hijos para castigarlos. Se puede decir que las mujeres pagaron por los «delitos» de sus hombres. Lo que Ángeles Égido llama «responsabilidad subsidiaria» (2011:28). Puri Torres Alonso, fue convocada varias veces por la policía a comisaría para indagar sobre el paradero de su marido. La amenazaban, la atemorizaban y le hicieron finalmente firmar un documento en el que renegaba de su marido y se comprometía a denunciarlo si se ponía en contacto con ella[32]; Manuela Beceiro Fereiro se quedó con dos niños en Ferrol. Las visitas constantes de la Guardia Civil con registros de la casa, por si tenía a su marido escondido, la tenían aterrorizada, teniéndose que ir al campo con sus suegros, donde se sintió más amparada[33];
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| Carmen Martínez Moreno, en Londres en los años 50. (Archivo familiar Mary Rosique Martínez) |
Cárcel, torturas y ejecuciones
El franquismo no dudó en aplicar castigos severos sobre las mujeres como las torturas, los juicios, el encarcelamiento y las ejecuciones[36]. Aunque algunas mujeres podían tener una militancia política, las acusaciones en los juicios se basaban fundamentalmente en su participación en la vida pública y su parentesco con opositores al régimen (Blanco Rodríguez, 2020).
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| Josefina Martínez Cinza con su hija Amalia con quien cruzaría los Pirineos clandestinamente 1949. Archivo familiar David y Amalia Fernández Martínez |
Entre las mujeres estudiadas nos constan algunas militantes
en organizaciones como la CNT, el PCE o su pertenencia al Socorro Rojo
Internacional (SRI.) donde hacían generalmente labores de protección a los
heridos, a los niños huérfanos o de ayuda tras los bombardeos, es decir que su
participación en la vida política solía ser secundaria. Entre las mujeres
estudiadas sólo una, Amelia Jover Velasco fue una activa militante de primera línea de la CNT[38].
En realidad, eran condenadas y castigadas por «la transgresión de los modelos tradicionales de domesticidad femenina» (Abad y otros, 2012: 15).
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| Elvira Casado Martínez el día de su boda en 1928 en Cartagena. (Archivo familiar Manuel Ramírez Jover). |
También hubo
mujeres ejecutadas, sin juicio, muertes extrajudiciales (Guinard, 2013, 25-26).
Eulalia Marí
Torres fue una de las 2 únicas mujeres ejecutadas en
Ibiza. El historiador ibicenco Artur Parrón Guasch supone que «habría hablado».
Es decir que suponía que habría manifestado su adhesión republicana
públicamente, lo cual, ya lo hemos visto, era intolerable y falta grave para el
franquismo. Pero es una suposición. Lo que sí es cierto es que Eulalia tenía
dos hermanos, uno miliciano y otro marino que marchó al exilio. Los
falangistas, a quienes se les dio en aquellos años «carta blanca» (Richards,
1999: 55), iban a su casa para preguntar por el paradero de los hermanos,
robando lo que querían en la casa. Una noche se la llevaron a ella, la
violaron, le cortaron su larga trenza y la ejecutaron[40].
Las mujeres que emprendieron su propio
exilio
Finalmente,
parte de estas mujeres protagonizaron su propio exilio[41],
iniciando lo que se podría considerar como una prolongación del exilio
republicano de 1939. Tuvieron el valor y el arrojo necesario para salir hacia
lo desconocido en tiempos difíciles como prolongación del exilio de sus
compañeros a los que no pudieron acompañar en 1939. Se trata de un exilio poco
conocido y poco documentado, pero exilio sin duda. Es cierto que no fueron
reconocidas como exiliadas por los países de acogida, o al menos en pocos casos
(Martínez, A., 2019) sino que fueron asimiladas a inmigrantes. En Francia
pasaron por una época de semiclandestinidad, pero una vez regularizada su
situación, pudieran volver a España para visitar a la familia y salir de nuevo
al extranjero, aunque no olvidemos que las que salieron clandestinamente de
España o sin regularizar su situación, no sabían si lograrían volver. Por el
momento en que se produjeron estas salidas se podría considerar que
participaron del inicio de la última ola migratoria que se dio en España
(Fernández Vicente, 2007) aunque, teniendo en cuenta las situaciones
arriesgadas en que se efectuaron parte de estas salidas, es difícil hablar de
emigración estrictamente.
Planteamos un
ámbito ambiguo entre exilio y emigración (Ortuño, 2013), aunque
sin duda consecuencia del exilio de 1939. Esta expatriación fue debida sin duda
al deseo de reagrupación familiar, pero no podemos olvidar otros motivos que
propiciaron la salida como el temor a volver a ser encarceladas, apalizadas,
juzgadas, a sufrir registros constantes de su casa, a ser detenidas,
controladas incesantemente, a no tener trabajo para comer y ser rechazadas
socialmente, es decir el temor a la represión policial y marginación social y
económica que se cebó particularmente con las mujeres en la primera España
franquista, tal y como hemos visto. Por todo ello, además del factor familiar
no debemos olvidar la represión que sufrieron y que las empujó, como forma de resistencia,
a abandonar una España opresiva.
Fue un exilio
fragmentado, prolongado en el tiempo y casi siempre tardío. Fue fragmentado
porque se produjo a partir de salidas individuales[42]
que no tuvieron el carácter masivo del ocurrido como consecuencia directa de la
guerra. Fue tardío por varias razones. En primer lugar, la Segunda Guerra
Mundial no favorecía los viajes al extranjero y aunque se produjeron fueron
escasos[43].
Por otra parte, las mujeres tardaron años en saber que sus maridos habían
podido salir de España, es decir que no estaban encarcelados o fusilados y que
tenían la posibilidad de reunirse con ellos. Por temor a las represalias contra
las familias, los exiliados tardaron en encontrar el medio de comunicarse con
sus allegados en España de forma discreta y segura para ellos. Por fin, como
hemos visto, en numerosas ocasiones, las mujeres abandonaron su casa, buscando
trabajo o protección en otros lugares fuera de su hogar y eso retrasó o incluso
imposibilitó el contacto. Fue el caso de Josefina
Valverde Belmonte que, de Cartagena marchó a Murcia con sus padres y con un
niño de 3 años donde pudo trabajar cosiendo por un plato de comida. Su marido,
tardó 6 años en poder conocer su nueva dirección[44].
Fue un exilio
tardío y prolongado en el tiempo porque, como ya hemos indicado, la situación
de conflicto en Europa hasta 1945 no favoreció los desplazamientos
extrafronterizos. De hecho, en los casos estudiados los viajes se produjeron
mayoritariamente entre 1947 y 1950. Los años de separación media entre marido o
compañero y las mujeres fue de siete años en el grupo estudiado. Había niños y niñas de 12 años
que no conocían a su padre por haber salido éste de su casa – sobre todo en
Galicia- en 1936 para no volver.
Hubo situaciones en que la separación se prolongó más de lo impensable.
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| Manuela Beceiro Fereiro, en la Colonia San Ángel en 1957 (Archivo familiar Verónica Salido Mosquera) |
Las dificultades para emprender un exilio en plena posguerra fueron
enormes. La frontera con Francia estuvo cerrada hasta 1950, alcanzar Argelia o
Túnez acarreaba grandes problemas documentales y logísticos y cruzar el océano
para llegar a Latinoamérica tampoco era fácil, teniendo en cuenta las
condiciones de precariedad en las que las mujeres vivían en general y los
problemas para conseguir un pasaporte.
Sólo para desplazarse por el territorio, durante la posguerra, se
necesitaban justificantes, permisos y autorizaciones y las mujeres necesitaban
de un acompañante masculino para no atraer sospechas ya que en el franquismo la
mujer estaba siempre tutelada por un varón.
Hubo otros factores que dilataron la salida de España. Para obtener
pasaportes las mujeres necesitaban tener una carta de llamada que emitía la
embajada de España del país donde estaban los maridos exiliados. Presentarse en
la embajada de la España franquista era algo difícil para los exiliados y en
algunos casos insalvable por su militancia[49].
A Francia, al estar cerrada la frontera, sólo podían pasar clandestinamente,
atravesando los Pirineos por los pasos de Cataluña o del País Vasco con un
guía. Para aquellas que querían ir a México, hay que recordar que México y la
España franquista rompieron las relaciones diplomáticas desde 1936 hasta el 28
de marzo de 1977.
Otro aspecto a tener en cuenta es que, si habían sido simplemente pareja, novios o se habían casado ante el registro civil en zona republicana durante la guerra, tenían que casarse por la iglesia para estar realmente casados y justificar su interés en reunirse con su marido, teniéndolo que hacer por poderes. Este trámite podía ser largo y complicado. Isabel Navarro Giménez con una niña, se casó por poderes para reencontrarse con su compañero, pero los trámites fueron tan interminables y dificultosos que ni siquiera pudo emprender el viaje ya que su marido murió en 1945 en Túnez[50].
| Victoria García Izquierdo, embarcada en Barcelona en 1949, camino de México. (Archivo familiar Vickie G. Jaén Torres). |
Por complicaciones con los trámites, nos consta que María Vidal Araujo, novia del marinero oficinista Faustino García Puga prefirió marchar soltera a Chile[51] y lo mismo hizo Victoria García Izquierdo, novia del radiotelegrafista Rafael Torres Toimil, para casarse en México[52].
Se dieron también algunos casos curiosos como era casarse por poderes con
algún refugiado que no conocían directamente. Los exiliados preferían casarse
con una española, lo cual era excepcional en Túnez o Argelia, si exceptuamos
las hijas de otros compañeros que habían podido traer a su familia. Sabemos del
caso de Dolores Molines Bañón cuyo futuro marido, el
suboficial de artillería Rafael Dasí Navarro, la conoció a través de una
foto exhibida por su hermano, marino y exiliado en Túnez, emprendiendo una correspondencia
que terminó en boda por poderes[53].
Finalmente, pero no por ello menos importante, se necesitaba mucho dinero
para mover papeles, sobornos, permisos, para pagar a los guías clandestinos y
para pagar trenes o barcos. Ellas, con sus trabajos precarizados, difícilmente
podían costear tales gastos y eran generalmente los maridos los que hacían
llegar el dinero por medio de cadenas de ayuda y solidaridad que hicieron
posible estos desplazamientos.
Hacer llegar dinero a la familia en España era obviamente complicado. Algunos escondían pequeñas cantidades en las cartas, pero no siempre llegaban[54]. Uno de los sistemas utilizado era un entramado algo complejo: un exiliado le daba una cierta cantidad de dinero a otro exiliado y la familia de éste, en España, le daba esa cantidad a la mujer o a la madre del primer exiliado[55]. Otro sistema que hemos conocido a través de cartas conservadas por la familia fue hacer llegar el dinero a través del familiar de un refugiado en Túnez que vivía en Francia y para quien era posible hacerle llegar «de la forma convenida» la cantidad de dinero que necesitaba para hacerse el visado[56].
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| Ana María Rico en Marsella en 1952. Archivo familiar Angelita Méndez Rico |
Para facilitar y pagar por adelantado el viaje en tren en
Marruecos, Argelia y Túnez, los exiliados recurrían a una red de amigos
refugiados, de personas solidarias y de ferroviarios franceses para facilitar
la llegada de las mujeres y familias planificando minuciosamente el viaje en el
Norte de África y pagando por adelantado los trenes que debían coger.
Encontrar y pagar a un guía para pasar la frontera con
Francia clandestinamente, suponía desplegar igualmente, tanto por parte de los
exiliados como por parte de las mujeres que querían salir, toda una red de
informantes y de apoyos, de casas donde hospedarse antes de pasar la frontera y
después de pasarla, donde necesitaban un punto de apoyo para seguir[58]. También
se dieron casos de solidaridad entre mujeres que querían cruzar fronteras.
Pepita Martínez Cinza pagó al guía que le ayudó a pasar clandestinamente la
frontera a Francia por otra mujer republicana y su niña que no tenía el dinero
requerido y que conoció en Barcelona mientras buscaba salir de España.
Como la mayoría de los marinos se exiliaron al norte de África, el
colectivo más importante de mujeres que hemos estudiado se expatrió a Túnez,
Argelia o Marruecos (Casablanca) pero los caminos y dificultades de las mujeres
de republicanos exiliados que quisieron reunirse con sus maridos fueron sin
duda parecidos.
Los viajes eran verdaderas odiseas: largos, complicados y
generalmente con el dinero justo. La hija de Manuela
Collado López, recordaba que tardaron once días desde Ferrol hasta Túnez.
Tras cruzar toda España, el tren llegó con nueve horas de retraso a Málaga y
perdieron el barco hasta Melilla. Cuando llegaron por fin a la frontera de
Marruecos en Melilla, el aduanero le quitó lo único que Manuela había podido
llevarle a su marido tras 8 años de separación: un par de calcetines. Tras
cruzar Argelia finalmente llegaron a Túnez[59].
Las mujeres utilizaron todo tipo de
transportes para conseguir llegar a destino. Nati del Cerro Pérez cogió en 1942
con sus dos hijos un barco en Cartagena y, navegando de noche, hizo escala en
Almería, siguieron hasta Málaga, desde donde cogieron otro barco para Melilla.
Allí se quedaron cuatro días hasta coger un autobús hasta Oujda, el paso
fronterizo, siguieron hacia Orán y por fin llegaron a Túnez en tren[60].
María Evaristo López, la mujer del auxiliar de Artillería Juan Román Jiménez,
el mismo día en que consiguió tener el pasaporte en mano, recogió a su hija de
10 años, subió al primer autobús que salía hasta Vigo, embarcó en un buque
hacia Cádiz y desde esta ciudad un tren de pescado las llevó hasta Algeciras,
alcanzando Tánger en barco y después Casablanca, terminando el resto del viaje
en tren hasta Túnez[61].
Purificación Torres Alonso, fue pasando por todas las ciudades costeras del
Magreb en autobús hasta Bizerta. El viaje, de varios días, «fue agotador»[62].
Hubo también recorridos poco comunes como el de Consuelo Ros Nicolas,
mujer del fogonero Domingo Aledo, que embarcó desde Barcelona donde trabajaba,
a Córcega y de allí a Túnez, nueve años después de la partida de su marido[63].
Para irse a Inglaterra, donde estaba su marido tras enrolarse con los
ingleses durante la II Guerra Mundial, Carmen Martínez Moreno se subió en un
mercante lleno de naranjas que estaba atracado en el puerto de Cartagena e iba
a Inglaterra. El viaje duró 8 días, que ella recordaba agónicos[64].
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| Victoria Díaz Alcázas en 1949 en Hendaya, Francia, recién cruzado el Bidasoa. (Archivo familiar Victoria Fernández Díaz) |
Hacia Francia algunas marcharon clandestinamente en barquito[65], o cruzaron la frontera catalana[66] o pasaron por Euskadi. Victoria Díaz Alcázar, la mujer del teniente de navío (ENP) José Fernández Navarro, cruzó clandestinamente el Bidasoa de madrugada, con el agua por encima de la cintura, tras presentarse una noche un guía vasco en casa de sus padres, con quienes vivía en Cartagena[67].
Los exilios a Latinoamérica tuvieron dificultades
económicas, pero también administrativas por la ruptura diplomática entre
México y la España franquista. Algunas
pasaban por Portugal donde la embajada de México en Lisboa debía expedir
el visado[68] En otros
casos salvaban el escollo pasando por Francia[69].
Algunos viajes se hacían más complicados, como el de Mercedes Hernández Cardona
que llegó a Nueva York en barco en tránsito hacia Cuba y desde allí a México
para reunirse con su marido[70].
Mayoritariamente las mujeres se reunieron con sus maridos o pareja en México[71], pero
también hubo reuniones, que sepamos, en Chile[72]
y Venezuela[73].
Estas mujeres se iban con sus hijos, por supuesto, lo cual no dejaba de
ser arriesgado y valiente. También marchaban con sus padres, hermanas o suegros
de los que ellas eran el soporte y que no podían abandonar. Isabel Buforn
Lledó, cruzó España, Marruecos, Argelia y Túnez con dos hijas, su hermana y su
madre. Su hermana, Vicenta, que vivía con ella y era maestra de la República
había sido encarcelada después de la guerra en el penal de Chinchilla y le
estaban abriendo un nuevo expediente para volverla a inculpar. La salida de
Isabel, maestra, con su madre, también maestra, y su hermana era una cuestión
vital[74]. Josefa
Segura Jiménez, se fue a Túnez en barco con sus suegros y su cuñada. Su suegro
había sido oficial de carabineros, depurado y encarcelado durante unos años y
probablemente era una familia a la deriva, como les pasó a tantos perdedores,
sin posibilidad de trabajar y perseguido[75].
No son casos únicos[76].
Reflejo de las dificultades que tenían que sobrellevar, hubo viajes
fallidos como el de Manuela Collado López, mujer del maestro zapatero del
crucero Libertad José González López, que realizó un primer intento
frustrado en 1946, después de vender todo lo que tenía en su piso de Ferrol. En
Melilla no le dejaron salir de España. Lo volvió a intentar en 1947 con mejor
fortuna[77].
Encarnación González Martínez acometió por dos veces el cruce de los Pirineos
con sus dos hijos. La primera la detuvieron y la devolvieron a Cartagena. La
segunda vez, en 1950, lo consiguió, pero le quitaron el dinero y se tuvo que
quedar meses en Marsella, en casa de una familia, «que por supuesto era de los
nuestros»[78], cosiendo
hasta reunir el dinero para alcanzar Orán, donde estaba su marido. Fue una
separación de 12 años.
Hubo también reencuentros dramáticos, como el de Nati
del Cerro Pérez que marchó a Túnez con sus dos hijos en 1942. Al año
siguiente, con una bebé recién nacida, su marido murió de manera repentina de
un infarto. Nati tuvo que volver a España con 3 niños[79]. Con este caso, que no fue único, queremos
subrayar las dificultades con las que se encontraron incluso después de la
reunión anhelada.
Conclusión
Este estudio nos ha permitido examinar las diversas experiencias de las
mujeres de los marinos exiliados en 1939.
En primer lugar, hemos observado que las que se exiliaron con sus
maridos en 1939 tuvieron experiencias duras ya que, en la mayoría de los casos,
estuvieron solas y responsables de hijos o familiares mayores y – no lo
olvidemos- porque ningún exilio es
asumible.
Las que se quedaron en España vivieron una postguerra difícil por la represión que sufrieron en un país donde
las mujeres eran tuteladas por maridos, hermanos o padres, sin quienes no eran
nadie. Nos ha parecido relevante la represión cotidiana, corriente,
ordinaria como fue la exclusión social, las vejaciones, las amenazas e
interrogatorios en cuarteles o comisarias que sufrieron. Es una represión prácticamente invisibilizada de
la que queda poca documentación y estudio y que merecería una mayor atención. Estas represalias fueron similares a las sufrieron cualquier mujer de republicano y represaliado. Es
decir, semejantes a las que padeció un sector más amplio de la población. También sufrieron una represión
institucionalizada con juicios, cárcel, condenas de muerte o ejecuciones que
hemos tratado a través de las experiencias personales y de su impacto en al
ámbito familiar.
Por fin, esta investigación se ha centrado en el movimiento de exilio que
emprendieron buen número de estas mujeres, sobre todo entre 1945 y 1950, Este fenómeno
se enmarca entre el exilio y la migración, a la vez es una muestra de la
resistencia que ejercieron estas mujeres por la resolución y el coraje que
emplearon para salir de una España asfixiante y represiva en condiciones difíciles, a veces peligrosas. Es un fenómeno escasamente estudiado, poco documentado,
en el que sería necesario profundizar cuantitativa y cualitativamente, para
permitir un relato más complejo del exilio y que afectó sin duda a un importante
tramo de mujeres «del común».
Por haber sido grandes olvidadas, este estudio nos parece pertinente al sacarlas
del plano secundario o invisible en el que vivieron, recuperando a través de
los datos esenciales de su biografía, una parte de su identidad, realidad y
dignidad.
Al cabo, este estudio sobre las experiencias de mujeres «corrientes» en el entorno del exilio, permite explicar y entender mejor el
propio exilio de 1939, y también permite considerar n aspectos que
intervienen en las trayectorias de las protagonistas de otros exilios políticos y en otros contextos.
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[1]
Hemos trabajado fundamentalmente con los archivos del Centre des Archives
Diplomatiques de Nantes (CADN) en Francia; los Archives Nationales d’Outre-Mer
(ANOM), en Aix-en-Provence, Francia; el Centro Documental de la Memoria
Histórica (CDMH), en Salamanca; la Fundación Pablo Iglesias (FPI); el Archivo
General de la Marina «Álvaro de Bazán» (AGMAB) en Viso del Marqués; el Archivo
General de la Administración (AGA) en Alcalá de Henares; la Base de Datos de
los Movimientos Migratorios Iberoamericanos del Portal de Archivos Españoles
(PARES) y el Archivo de la Embajada de México en Francia (AEMFRA) en la Web
Memorica México.
[2]
Hemos recabado información en El Portal de la Biblioteca Virtual de Prensa
Histórica; Los fondos de la Hemeroteca del Archivo Municipal de Cartagena;
Diarios Oficiales del Ministerio de Marina, del Ministerio de Defensa y Gacetas
de la República de la época estudiada.
[3]
Esto se percibe hasta en los pequeños detalles: en las listas de embarque a
México del Sinaia sólo aparece el nombre y la biografía del marido,
precisando que está casado sin más, como en el caso del médico de la Armada
Rafael Villalobos Barahona, que marchó con su mujer, Carmen Castro Posada, su
hija y su suegra y que no aparecen (Lista Sinaia. Archivo de la
Fundación Pablo Iglesias). En las listas del Saint Domingue, Concepción
Casuso, la mujer del almirante de la flota Luís González Ubieta, aparece como
Concepción de González Ubieta (Alfonso Vera Canales. 2010. Al puerto de la
esperanza. Autoeditado); El Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos
(CEMLA) sólo proporciona el nombre de los hombres que migraron. Hay veces en
que la propia familia habla de la “abuela” sin acertar a recordar el nombre o
los apellidos.
[4]
Testimonio de Amalia Fernández Martínez, en correo electrónico del 14/05/2019,
hija de Pepita Martínez Cinza,
recordando cuando su madre fue arrestada en el cuartel de la Guardia Civil en 1947
en Galicia.
[5]
María Alcolea Martínez, nacida en Cartagena el 5 de diciembre de 1910, estaba
estudiando en la Escuela de Comercio para presentarse a oposiciones de Hacienda
cuando empezó la guerra. No era de ningún partido, pero se sintió identificada
con las Juventudes Anarquistas. Marchó con su compañero, Francisco Bértalo
Blanco, suboficial de electricidad y torpedos, a Valencia y luego Barcelona cuando
éste formó parte del Estado Mayor. Tras la Liberación se fueron a vivir a Rouen donde
falleció el 13/05/ 2002. (Fuentes: ALCOLEA, María, Memorias inéditas
transmitidas a la autora por su hija mayor Libertad Heliot).
[6]
Era una línea divisoria que marcaba la división de Francia entre el territorio
ocupado y administrado por el ejército alemán en la parte norte y oeste de
Francia y la zona dicha “libre” en el sur durante la Segunda Guerra Mundial. Se
requería un permiso para cruzar la línea legalmente, pero evidentemente María
Alcolea no lo tenía y a pesar de todo lo consiguió.
[7]
Rita Gutiérrez Martínez nacida en Cartagena, Murcia, en 1886, se casó el
28/02/1908 con el alférez de navío Francisco Matz Sánchez. Tuvieron 4 hijos.
Falleció el 11/12/1991 en México (Family Search; Memorica; AEMFRA LEG. 332.
EXP. 1).
[8]
Candelaria Egea Rubio nació el 21/11/1920 en Mula, Murcia. Tuvo dos hijas.
Entró con su marido en México en el Ipanema en 1939. Falleció el
25/06/1990 en México (Family Search. PARES, Registro nacional de Extranjeros en
México)
[9] María Álvarez Campomanes, nacida en Asturias en 1907. Se casó el
20/06/1921. Tenía 32 años al marchar al exilio. Emigró a México en 1942 en el Nyasa.
Falleció en México en 1990 (Memorica; Centro Documental
de la Memoria Histórica. PARES).
[10] Centre des Archives Diplomatiques de
Nantes (CADN) 2MI-564 fols. 4, 5, 6. Lista de los refugiados españoles
en la Manouba; CADN 2MI-564 fol.7, Lista de los refugiados de Meheri-Zebbeus y
Kasserine cuya familia se encuentra en la Manouba; CADN 2MI-564 fols. 8, 9.
Lista de las refugiadas alojadas en el hospicio de ancianos de la Manouba.
[11]
Josefina, Isabel y Francisca Casanova Torres habían nacido en Tetuán, por el
trabajo como militar del su padre.
Isabel, anarquista, había trabajado en el hospital de las Brigadas
internacionales en Murcia. Una vez en Túnez, se casaron con tres marinos. Con
la independencia de Túnez marcharon a Francia. (Fuentes: correos electrónicos
con Laure Duran, nieta de Josefina Casanova entre el 05/02/2019 y el
26/01/2023; CADN 2MI-564, fol.5. y fol.9.)
[12]
ANOM GGA. 3CAB. Sólo hemos encontrado 14 mujeres de
marinos en estos archivos que recogen los pasajeros de los barcos que llegaron
a Orán.
[13]
Se trataba de María Carmen López, nacida en Palma de
Gran Canarias en 1906, casada con el jefe de Estado Mayor de la Base de
Cartagena Vicente Ramírez Togores. Tras encontrarse en Orán se embarcaron en
1942 hacia México y Josefa Piñera Vázquez, nacida
en Cieza en 1897, casada con el jefe de los Servicios Civiles de la Base Naval
de Cartagena, José Semitiel Rodríguez. (ANOM GGA. 3CAB HUNTRESS).
[14]
Carmen Martín Fernández,
nacida en 1910, casada con Eduardo Marón Jordán, teniente navío, comandante del
Cervantes y Juana Izquierdo Montes, nacida
en Navarra, con una niña de 7 años, casada con Pedro Marcos Bilbao, teniente de
navío de la Reserva Naval (RN). (CADN 2MI 563, fol.295; AEMFRA LEG. 335. EXP.
4; Archivo Histórica de la Fundación Pablo Iglesias (FPI)).
[15]
Hemos trabajado sobre una base de 78 mujeres.
[16]
Victoria Díaz Alcázar, nacida en Cartagena en 1919.
Estaba estudiando mecanografía antes de la guerra para presentarse a Marina. Se
casó con el teniente de navío de la Escuela Naval Popular (ENP) José Fernández
Navarro en febrero 1938, recién cumplidos los 18 años (Entrevista con Victoria
Díaz Alcázar entre agosto de 2005 y enero de 2007).
[17]
Como Isabel Buforn Lledó, casada con el capitán
maquinista Vicente Selles Soriano. Había sido maestra, como su madre y su
hermana (Entrevista telefónica y correos electrónicos con su bisnieto David
Giacobbi entre el 09/04/2016 y el 25/02/2024).
[18]
María Matrán García, hija del fotógrafo José Matrán
Tudela de Águilas, nació en Águilas, Murcia, el 12/01/1912. Fue fundadora,
junto a su hermana Francisca, de varias sucursales de estudios fotográficos en
Lorca, Totana y en Huércal Overa. En
1927 se pusieron al frente de Estudio Matrán en Cartagena, lugar muy
apreciado por la sociedad cartagenera. Se casó el 18/09/1936 con el teniente
maquinista Ángel Guevara de la Rosa. Tuvieron un hijo, Ángel. Después del
exilio de su marido, ejerció la profesión de fotógrafa en el estudio de su
padre, en Águilas. Se reunió en 1947 con su marido y tuvieron un segundo hijo,
José. Con la independencia de Túnez marcharon a Francia. Falleció en
Saint-Etienne, Francia, el 03/07/2001 (Fuentes: https://dbe.rah.es/biografias/61190/jose-matran-tudela;
El Noticiero 21/03/1936; INSEE; CADN-C2MI-562-fol.201; Entrevista
telefónica con su sobrina Carmen Matrán el 05/02/2025).
[19]
Cosa que ocurrió con los matrimonios que se celebraron durante la guerra en
zona republicana.
[20]
Isabel Buforn Lledó, nacida en Villajoyosa, Alicante,
en 1899, se casó en 1923 con el capitán maquinista Vicente Selles Soriano. Tuvieron
2 hijas. Al marchar su marido al exilio, sobrevivió vendiendo los enseres de su
casa hasta marcharse a Villajoyosa con su familia. Se reunió con su marido en
Túnez en 1949. Sus dos hijas se casaron con marinos republicanos en Túnez. En 1962,
ya viuda, se trasladó con sus hijas a Francia, à Bagnols sur Ceze. Falleció en
Alicante en 1982 (Fuentes: Entrevista telefónica y correos electrónicos con su bisnieto David
Giacobbi entre el 09/04/2016 hasta el 25/02/2024).
[21] Como
Victoria Díaz Alcázar que se quedó en casa de sus padres, protegida por una
hermana y cuñado falangista (Entrevista con Victoria Díaz Alcázar entre agosto
de 2005 y enero de 2007)
[22]
Consuelo Ros Nicolás, nacida en Murcia en 1918. Casada en 1937 con el fogonero
Domingo Aledo Hidalgo en Cartagena. Tenía 21 años cuando acabó la guerra. Se
reunió con su marido en Túnez en 1948. Se irán a Francia con sus 5 hijos en
1961. Falleció en Francia en1993 (Entrevista telefónica y correos electrónicos
con su hijo Dominique Aledo desde el 13/04/2021 hasta
el 01/02/ 2025).
[23]
Lo indican explícitamente la misma Consuelo Ros Nicolás, Josefina Martínez
Cinza, y Concepción Abdé Ramos.
[24]
Los hijos mayores de Ana María Rico Méndez, casada con
el fogonero preferente Antonio Méndez Pérez, le
resumían con estas palabras a su hermana pequeña, Angelita, nacida en Túnez, lo
que habían vivido en España, antes del reencuentro de sus padres.
Microbiografía en la nota a pie de página n.º 57(Entrevista
telefónica el 20/01/ 2025 con Angelita Méndez Rico).
[25]
Puri Torres Alonso, nacida en Adra, Almería, el 9 de mayo de 1910, se casó el
20 de junio de 1932 con el suboficial naval Nicolás Infante Jiménez. Tuvieron
una niña, Maru. Al marchar su marido, Puri se hizo cargo de su suegra que era
muy mayor. Hasta que no falleció, Puri no se pudo plantear reunirse con su
marido. Falleció en Túnez el 2 de marzo de 1987 y su cuerpo fue repatriado a
Adra. (Correspondencia electrónica con Nicole Comte, nuera de Pura Torres
Alonso, desde el 15/11/2016 hasta el 23/05/2024).
[26] Carmen Ibáñez Muñoz, nació en Jaén,
Andalucía, en 1910. Se casó en noviembre 1931 con el oficial radiotelegrafista
Francisco López Estrella. Tuvieron 2 niñas. (Entrevista con su hija Carmen
López Ibáñez en http://exiliorepublicano.org/carmen_lopez.html#inicio; correos
electrónicos con su nieta Patricia Vernay el 5 y 6 de julio de 2017 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).
[27]
Ver microbiografía en nota a pie de página n.º 20. Fuentes: Correos electrónicos
con su biznieto David Giacobbi desde el 09/04/16 al 25/02/2024.
[28]
Leonarda Sánchez Gaviña, nacida en Cádiz, Andalucía, donde vivía. Casada con el
practicante y comisario político José Moreno Mesa, exiliado a Orán donde llegó
en el Stanbrook. Tenían 3 hijos
(Archivo Histórico Municipal de Cádiz. Serie Beneficencia. Huérfanos,
Expediente 137/1945, legajos 3030-3031, documentación proporcionada por José
Luis Gutiérrez Molina, historiador y miembro del grupo de investigación
Historia Actual de la Universidad de Cádiz y director científico de la
página web Todos los Nombres)
[29]
Encarnación González Martínez, nacida en Cartagena,
Murcia, en 1912. Se casó en 1934 con el cabo fogonero Baltasar Sánchez Huertas.
Después de la guerra, trabajó en la alpargatería de su padre que se
hallaba a la cárcel de Hellín, mientras su hermano estaba exiliado en
Francia en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer y su marido estaba en
el campo de concentración de Meheri-Zebbeus en Túnez. Consiguió reunirse con su
marido en Orán en 1950 después de intentar pasar a Francia por dos veces (Fuentes:
Entrevista el 20/08/ 2012 a su hijo, Roberto Sánchez González y correos
electrónicos del 15/01/ 2014).
[30]
Amparo Tendero, nacida en Sax, Alicante, el 11/10/1920. Se casó en Alicante en
1937 con el suboficial de artillería Alfonso González Hermida. Marchó de España en el Stanbrook
en 1939. En 1941 se reunió con su marido que estaba en Colomb Béchar, campo
de trabajo en Argelia. En 1948 se fueron a Venezuela. Falleció en Venezuela en 1999. (Correspondencia
electrónica con sus hijas Adela, Themis y nietas Carmen, Adela y Javier entre
2017 y 2018.
[31]
Encarnación
Mondéjar Gabarrón, nacida
en Lorca el 09/06/1896, casada en 1922 en Águilas con el auxiliar técnico,
Antonio García Sánchez. Se quedó en España con 2 niños y sobrevivió en Orihuela
cosiendo y protegida por un primo de su marido que militaba activamente en el
movimiento carlista. La familia se reunió en Casablanca en 1947 (Correo
electrónico del 01/08/2024 con su nieto, Antonio Sánchez).
[32]
Puri Torres Alonso era la mujer del auxiliar naval Nicolas Infante Jiménez. Ver
microbiografía en nota a pie de página n.º 25 (Fuentes: Correspondencia
electrónica con Nicole Comte, nuera de Puri Torres, entre el 15/11/2016 y el
23/05/2024.
[33]
Manuela Beceiro Fereiro, nacida en Ferrol en 1910. Casada con el suboficial de
Artillería José Mosquera Lorenzo, tenía dos hijos. Cuando acabó la guerra, ella
tenía 27 años. (Correos electrónicos de su nieta Verónica Salido Mosquera el
31/01/2024 y 02/02/2024.)
[34]
Carmen Martínez Moreno, nació en La Aljorra, Cartagena, en 1914. Casada en 1938 con el marinero cocinero José
Rosique Solana. Tenía 22 años cuando acabó la guerra. Se reunió con su marido 8
años después en Londres ya que su marido se había enrolado en el ejército
inglés durante la 2ª Guerra Mundial. (Correos electrónicos con su hija Mary Rosique Martínez desde el 07/07/ 2009 hasta el
18/05/201921).
[35]
Micaela Vila Segura, nacida en Cartagena en 1924. Casada en el barco Libertad
por su comandante con el marinero Onofre Varela Álvarez durante la guerra.
Tenía un niño de meses cuando su marido se fue al exilio. Nunca se
pudo reunir con él ya que falleció en México. Después de estar un tiempo de
Asturias volvió a Cartagena donde trabajó en el servicio doméstico. Falleció en
Cartagena (Conversaciones telefónicas y correos postales y electrónicos con su
hijo, Manuel Varela Vila y su nieta María Ángeles Varela Soto del 10/10/2010,
25/10/2010,14/08/2013,01/04/2019;
blog http://leyendaehistoria.blogspot.com/2010_09_01_archive.html .
[36]
Hay numerosas referencias bibliográficas, señalamos en concreto AGUADO Ana, VERDUGO, Vicenta. (2011); EGIDO LEÓN, Ángeles
(ed.). (2011); MOYA ALCAÑIZ, Francisca. (2015).
[37]
Josefina Martínez Cinza, nació el 8 de agosto de 1912 en Santa María de Neda, La
Coruña. Se casó en Fene en 1936 con el suboficial de artillería David Fernández
Dopico. Tenía, cuando acabó la guerra, 27 años y una niña. Fue posiblemente
sospechosa de militar en el PCE como su marido. Como veremos pasó la frontera
clandestinamente con su hija Amalia y se reunió con su marido en Orán. Falleció
en Francia en 1983 (Fuentes: Correo electrónico de su hija Amalia Fernández
Martínez el 14/05/2019 y de su hijo David Fernández Martínez el 06/03/2007,
29/12/2018 y 14/11/2024 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).
[38]
Amèlia Jover, nacida en Cullera en 1910, fue mecanógrafa en el Ayuntamiento de
Valencia, formaba parte de un grupo naturista de la FAI, creó la sección
femenina del sindicato de gastronomía de la CNT y fue delegada de las
Juventudes libertarias de Levante. Se casó con el suboficial naval Antonio
Zaragozá. No pudo embarcar en el Stanbrook. Encerrada en la plaza de
toros de Alicante, fue reconocida y llevada a Valencia para ser juzgada.
Encerrada en el convento de Santa Clara fue llevada al hospital para dar a luz,
consiguiendo huir con su hija antes del juicio. Amèlia Jover; Una dona
lliure i rebel, Editorial ACIO; Diccionari biografic de dones:
https://web.archive.org/web/20151004180653/http://www.dbd.cat/fitxa_biografies.php?id=835
).
[39]
Elvira Casado Martínez nacida en Alicante el 19/05/1903, se casó el 30/04/1928
en Cartagena con el fogonero Fulgencio Jover Fernández. Tuvieron 3 hijos. Pasó
por las cárceles de San Antón de Cartagena, de Murcia, de Gerona, Tarragona y
Málaga. Toda la familia se pudo reunir en Casablanca en 1957. Falleció el 4 de
agosto de 1992 en Cartagena. (Entrevista telefónica y varios correos
electrónicos con su nieto Manuel Ramírez Jover desde el 20/01/2014, hasta el 28
/02 2019; ES.30030.AHP/117. PRISIONES,49727/53 / Expediente personal de la
reclusa Elvira Casado Martínez; Archivo General Militar de Guadalajara. Penas
de muerte conmutadas. Expediente 2943 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).
[40]
Fuentes: Correspondencia electrónica con la historiadora Francisca Riera
Escandell 05/09/2017 y RIERA ESCANDELL, Francisca. (2017). “Memòries d’Eivissa
en guerra (IV) : els germans del cas Avencs”. Eivissa, 62, 31-36,
https://raco.cat/index.php/Eivissa/article/view/365622.
[41]
Hemos trabajado sobre un corpus de 74 mujeres que se reunieron o intentaron
reunirse con sus maridos de las que hemos tenido información a través de Fondos
de archivos, fuentes hemerográficas, memorias, correspondencia y entrevistas
con las mujeres o sus descendientes que indicaremos en cada caso.
[42]
Nos consta que, en algunos casos marcharon juntas como mucho dos mujeres, con
sus hijos, para hacer un viaje más llevadero y seguro. Fue el caso, por
ejemplo, de Emilia Martínez, mujer del teniente de navío (ENP) José
Invernón Martínez que marchó a Túnez con María Evarista
López, mujer del auxiliar
de artillería Román Jiménez, con una hija cada una (entrevista con su
hija María José Román Evarista, 16 de agosto 2006).
[43]
En el Centre del Archives diplomatiques de Nantes constan 8 casos en que los
refugiados solicitan la reunión con sus mujeres en Túnez, desde 1940. Estas
solicitudes de reagrupación familiar fueron todas aprobadas por las autoridades
francesas, en cambio creemos que no se produjeron en esos momentos al haber
empezado la II Guerra Mundial (CADN 2MI-564. fol.157; CADN 2MI-564. fol.110;
CADN 2MI-564. fol.120 y 2MI-564. fol.138; CADN 2MI-564. fol.119; CADN 2MI-564.
fol.140; CADN 2MI-564. fol.10.; CADN 2MI-564. fol.109; CADN 2MI-564. fol.127).
[44] Josefina
Valverde Belmonte nació en la pedanía de Murcia de Santiago y Zaraíche en 1918,
se casó con Alfredo Martí Vallès en Cartagena en 1935 y tuvo a su primer hijo
en 1937. Se tuvo que ir a Murcia para trabajar, Alfredo Martí no tenía medio de
conocer su nueva dirección y, además, participó en la II Guerra Mundial con las
tropas inglesas y tuvo prohibido comunicarse con su familia durante 2 años por
seguridad (Fuente: entrevista con Josefina Valverde el 31 de enero de 2006 y
correo electrónico con su hija Cecilia Martí Valverde el 21/02/2025 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).
[45] La
política de colonización agraria y asentamiento en zonas despobladas de México
formaban parte de un proyecto personal de Lázaro Cárdenas para los republicanos
acogidos. Realmente no se cumplió, pero algunos grupos fueron enviados, nada
más desembarcar, a esas zonas. La colonia San Cristóbal de las Casas en
Chiapas, formaba parte del proyecto. Los refugiados españoles fueron muy mal
recibidos por la población y el trabajo que se les ofreció era de peones
pagados a treinta centavos trabajando de sol a sol, lo que sólo permitía vivir
en las condiciones de miseria en la que vivía el campesino mexicano (PLA,
1999).
[46]
Fuentes: Correo electrónico de su nieta Verónica Salido Mosquera del 31 ene
2024. Ver microbiografía de Manuela Beceiro en nota a pie de página n.º33.
[47] Consuelo
Fontán, nacida en Gijón tenía 2 hijas. Su marido, José Daniel (Pepín) Álvarez
Rubiera marchó a la URSS al terminar la guerra, trabajando como marino mercante
hasta que en 1947 fue mandado al Gulag del que pudo salir en 1956. Consiguió
irse a La Habana donde adquirió la ciudadanía cubana, lo que le permitió volver
a ver a su familia y reunirse los cuatro en 1962 en La Habana (LLANOS, 2002; Correos electrónicos con su sobrino
Javier Olmos del 8 y 9 de mayo de 2023)
[48]
Ver microbiogafía de Elvira Casado en nota al pie de página n.º 39. (Fuentes: Entrevista
telefónica y correos electrónicos con su nieto Manuel Ramírez Jover desde el
20/01/2014 hasta el 28 /02 2019).
[49]
Los militantes del PCE lo tenían prohibido.
[50]
Isabel Navarro Giménez había nacido en Cartagena en 1921. Era la compañera del
capitán maquinista Marcelino Llano Cotrofe. Cuando su compañero salió la flota
ella tenía 18 años y estaba embarazada. Se fue a Ferrol a buscar la ayuda de
sus suegros, que se la brindaron y se casó por poderes, pero finalmente no pudo
ni siquiera emprender el viaje de reencuentro por el fallecimiento prematuro de
Marcelino Llano. (https://www.eldiario.es/cultura/exilio-olvidado_1_1665927.html).
[51]
María Vidal Araujo, nació en Vigo el 19 de octubre de 1918. Nieta e hija de
represaliados socialistas, obtener un pasaporte para marchar de España era muy difícil.
En Chile tuvieron 2 hijos. Sus padres y abuelos se refugiaron también en Chile
en 1949. Isabel falleció en Santiago de Chile el 12/10/ 2003. (Correos
electrónicos con su hija Mary Luz García Vidal el 10/09/2021 y el 15/11/2024).
[52]
Victoria García Izquierdo había nacido en Torquemada, Palencia, en 1915 pero
vivía en Barcelona. Allí conoció a su novio el radiotelegrafista Rafael Torres
Toimil. Separados por el exilio de Rafael, durante años se cartearon. Por
precaución Rafael Torres firmaba siempre como “Rafaela”. (Correos electrónicos con su nieta Vickie G.
Jaén Torres el 02/06/2015, el 19/09/2023 y el 30/3/2024).
[53]
Dolores Molines Bañón era de Torrevieja, Alicante, y aún casada ya por poderes
tuvo que esperar 6 meses para poder ir a Túnez. (Correo electrónico con su
sobrino, François Molines el 24/06/2021).
[54]
El suboficial de artillería José Mosqueira, exiliado en México, le mandaba a su
mujer dinero «pero a veces no llegaba y tenía que ingeniar cosas para
ocultarlo en las cartas». (Correos electrónicos del 31 ene 2024 con su nieta
Verónica Salido Mosquera).
[55]
Testimonio de María Luisa González Collado, hija de Manuela Collado López y del
maestro zapatero del crucero Libertad José
González López exiliado en Túnez (Cartas manuscritas
del 07/02/2007, 06/03/2007, 02/03/2007y el 02/05/2012).
[56]
Antonia Rivas Carrique, mujer del teniente de navío Bonifacio Caparrós, había
nacido en Cartagena en 1914. Tenía 1 hijo. Se reunió con su marido en Túnez en
1950 y se quedó viuda en 1954 con 4 hijo. (Fuentes: Correos electrónicos de su
nieta Alicia González Caparros desde el 30 de mayo de 2019 hasta el 16 de abril
de 2021 y particularmente su trabajo “Recuerdos de Mujer. Una mirada a la construcción de género
durante la España franquista”, dentro de un Máster en Género e Igualdad en la
Universidad de Murcia.
[57]
Ana María Rico Méndez nació en Mazarrón, Murcia, el 03/01/1912.
Se casó el 07/07/1934 en Mazarrón con el fogonero preferente Antonio Méndez
Pérez y tuvieron 3 hijos. Cuando su marido marchó al exilio ella se puso a
coser y se fue a vivir a casa de su madre que quedó pronto viuda ya que el
padre, funcionario del Ayuntamiento fue depurado, sufrió prisión y murió en
1941 de tuberculosis. El matrimonio se reunió en 1952 en Marsella, Francia,
tras 13 años de separación. Tuvieron una cuarta hija, Angelita. Ana María Rico
falleció en Marsella el 25/5/1994 y fue enterrada en Mazarrón (Entrevista
telefónica el 20/01/ 2025 con Angelita Méndez Rico hija menor de Ana María Rico
Méndez; Web Alumbra Alumbre y particularmente Paqui Ureña y Jesús Solá que nos
han facilitado información valiosa sobre el caso).
[58]
Fue el caso de Pepita Martínez Cinza que estuvo en
una casa amiga en Barcelona hasta encontrar un guía para pasar la frontera con
Francia. Ver microbiografía en nota de pie de página n.º 37 (Testimonio de su
hija, Amalia, que la acompañaba. Correo electrónico el 14/05/2019); Encarna González Martínez, mujer del cabo fogonero
Baltasar Sánchez Huertas, fue
acogida varios meses en una casa “que eran de los nuestros” en Marsella hasta
poder reunir el dinero cosiendo para irse a Orán, donde estaba su marido (correo
electrónico 15/01/2014 de su hijo Robert Sánchez); Milagros Alcantud
Pérez, mujer de Santiago López Jiménez, jefe de los Servicios de Máquinas
del Estado Mayor de la Marina, fue acogida por una familia en Banyuls-sur-Mer,
donde cuidaron la pulmonía que tuvo Milagros como consecuencia de las
condiciones en que pasaron la frontera (Memorica México AEMFRA LEG. 368. EXP.
1)
[59]
Fuentes: Conversaciones telefónicas y cartas con su hija, María Luisa González
Collado 07/02/2007, 06/03/2007.
[60]
Nati del Cerro Pérez nació en Cartagena en 1909. Se había casado en 1933 con el
teniente de navío (ENP) Diego Ros Andreu y tenían dos hijos. Cuando se quedó
sola vendió la casa y el coche y se fue a vivir a una casa de alquiler con sus
padres. (Correo electrónico de su nieta Luisa Torregrosa, del 12/05/2024, 16/06/2024
y del 24/06/2024.)
[61]
María Evaristo López, nacida en Cartagena y casada con el auxiliar de
Artillería Juan Román Jiménez (Fuentes: Entrevista con su hija, María José
Román Evaristo el 25 de agosto de 2006 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).
[62]
Correspondencia electrónica con Nicole Comte, nuera de Purificación Torres, el
15 de noviembre de 2016 y el 23 de mayo de 2024.
[63]
Fuentes: Entrevista telefónica y correos electrónicos con su hijo Dominique
Aledo Ros desde el 13/04/2021 hasta el 01/02/ 2025.
[64]
Fuentes: Correo electrónico con su hija Mary Rosique Martínez el 21/01/2014.
[65]
Como lo hizo Rosenda Ballester Pedreño, mujer del buzo Enrique Delmás Blasco (Fuentes:
Correo electrónico de su nieta Carmen Maciel el 3 noviembre de 2015).
[66]
Como ya hemos visto en el caso de Pepita Martínez Cinza. Microbiografía pie de
página n.º 37. (Fuentes: Correo electrónico de su hija Amalia Fernández
Martínez del 14/05/2019 y de su hijo David Fernández
Martínez el 06/03/2007, 29/12/2018 y 14/11/2024)
[67]
Fuentes: Conversación con Victoria Díaz Alcázar en agosto 2005 y enero 2007 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html
[68]
Como Adela Andrade Formoso, mujer de del auxiliar de artillería Antonio Lacaba
Gómez, en 1949 (Fuentes: Pazos Pazos, 2008) y Manuela Beceiro, mujer del
suboficial de artillería José Mosqueira en 1957 (Correo electrónico de su nieta
Verónica Salido Mosquera del 31 ene 2024)
[69]
Como Victoria García Izquierdo, mujer del suboficial radiotelegrafista Rafael
Torres Toimil (Fuentes: correos electrónicos de su nieta Vickie G. Jaén Torres del
02/06/2015, 13/9/23, 30/03/2024).
[70]
Mercedes Hernández Cardona, nacida en Mahón en 1915 y casada con el
radiotelegrafista José Anca Hermida. (Fuentes: AGA, RIEM,015,113; FamilySearch, “New York Passenger and Crew
Lists, 1909, 1925-1957".
[71]
Como María Dolores Álvarez Martínez, nacida Cartagena en 1905, mujer del
Capitán de Artillería de Costa Carlos Mira Mula; Adela Andrade Formoso, nacida
en Pontevedra, en 1914, mujer del auxiliar de artillería Antonio Lacaba Gómez;
Manuela Becerreira Freira, nacida en Ferrol en 1910, mujer del suboficial de
artillería José Mosquera; Victoria García Izquierdo, nacida en Torquemada en 1915
mujer del radiotelegrafista Rafael Torres Toimil; Elisa Uriguen Goronaeta, nacida
en Santiago de Chile en 1914, mujer del capitán de corbeta RN Mariano Manresa
Pallares.
[72]
María Vidal Araujo, nacida en Vigo en 1918, mujer del marinero oficinista
Faustino García Puga y fallecida en Chile 2003 (Fuentes: correos electrónicos
de su hija Mary Luz García el 13/07/2019 y el 15/11/ 2024).
[73]
Jacinta Rodríguez Gutiérrez, nacida en Valladolid en 1905, mujer del teniente
de navío de la RN Francisco Elortegui Gambe (Blog Jazoera Comunidad Vasco
Venezolana, http://jazoera.blogspot.com.es)
[74]
Fuentes: Entrevista telefónica y correos electrónicos con su bisnieto David
Giacobbi desde el 09/04/16 al 25/02/2024).
[75]
Josefa Segura Jiménez, nacida en Cartagena en 1914. Se casó con el suboficial
de artillería Gonzalo Díaz Reinante en 1936. Tenían un hijo. Hizo el viaje de
reencuentro con la familia en 1947. Falleció el 13/06/1973 en Paris (Fuentes; Family
Search, censos de Cartagena; correos electrónicos con su nieta Lolita Díaz; Lista
de refugiados en Túnez, inédita, de Manuel Pedreiro Pita).
[76]
Araceli Cadenas Soriano, mujer del maquinista Luis Molinuevo Mendieta, se fue a
Túnez con su hija y su suegra (CADM 2MI-564, fol.94 y 2MI-564, fol. 292). Elísa Uriguen Goronaeta mujer de Mariano Manresa
Pallares, capitán de corbeta RN, se fue a México con sus dos hijos, su hermana,
Esperanza y su hermanastra Amparo Serrano (Family Search Passenger and Crew
Lists of Vessels Arriving at New York, 1897-1957).
[77]
Manuela Collado López, nacida en Ferrol en 1905 y casada con el maestro
zapatero del crucero Libertad José González López. (Fuentes: Conversaciones
telefónicas y cartas de su hija, María Luisa González Collado 07/02/2007,
06/03/2007.
[78]
Encarnación González Martínez ver microbiografía en nota a pie de página n.º29
(Entrevista telefónica el 20/08/ 2012 y correo electrónico de su hijo Robert Sánchez
González del 15/01/2014).
[79]
Sobre Nati del Cerro ver microbiografía en nota de pie de página n.º60. También
Catalina Moreno, con 2 hijos y mujer del metalúrgico Manuel Egea Rufino, estaba
ya en Túnez cuando su marido falleció en 1942. (CADN 2MI-564. fol.380).








