miércoles, 1 de julio de 2026

Experiencias de las mujeres de los marinos 

exiliados en la posguerra franquista (1939-1949)


Artículo publicado en la revista Laberintos n.º27 en 2025


Experiencias de las mujeres de marinos de la Armada republicana exiliados en 1939: exilios y represión franquista durante el primer franquismo (1939-1949).

Nuestro ámbito de investigación ha sido fundamentalmente el exilio de los marinos de la Armada republicana en 1939. Al plantearnos el aspecto de género de este exilio nos interesamos por la situación de las mujeres, compañeras, madres o hermanas, cuando los marinos marcharon al exilio. No son mujeres intelectuales, artistas o militantes de primera fila cuyo exilio ha sido más estudiado. Son mujeres “desconocidas”, cuyas experiencias pueden ser generalizables a poblaciones con características similares.

Las mujeres y familiares de los marinos republicanos vivieron tres tipos de experiencias: el exilio en 1939, la represión para aquellas que quedaron en España y finalmente un exilio propio, aplazado y tardío. Son tres aspectos que nos pueden ayudar a conocer un fenómeno más general y que afectó a más mujeres desconocidas.

Para estudiar este tema, nos hemos servido de las fuentes habituales ligadas al exilio en los archivos franceses para Túnez, Argelia y Francia, los archivos mexicanos y españoles[1] así como las fuentes hemerográficas pertinentes[2].

Además, nos hemos centrado en estudios de caso. Al haber trabajado sobre la trayectoria y exilio de marinos republicanos exiliados o represaliados, hemos tenido acceso a las vivencias de sus mujeres a través de los recuerdos transmitidos por la familia o por ellas mismas, con memorias privadas o documentación familiar. No podemos dejar de señalar la gran dificultad que supone obtener información sobre las vivencias intimas y familiares de las mujeres ya que figuran escasamente en los archivos, reflejo de la invisibilidad en la que vivieron[3]. Como sus trayectorias vitales radicaron en el ámbito privado, de allí hubo que rescatarlas. La utilización de los testimonios orales queda justificada porque estamos tratando de «mujeres de a pie», «gente común» que no pudieron expresarse a través de una obra creativa o de una actividad política, y que nos acercan a «la historia desde abajo» (Gago 2007: 125). Hemos incorporado técnicas metodológicas propias de los estudios migratorios, relacionadas con el microanálisis, el uso de las fuentes nominativas, poniendo en el centro del análisis al individuo (García Abad, 2003: 340). De esta manera hemos trabajado sobre un corpus de ciento cincuenta mujeres basándonos en los fondos mencionados, en memorias, correspondencias y entrevistas que iremos indicando en cada caso.

Estos testimonios orales participan muchas veces de la épica familiar (Laborie y Amalric 2003: 20). En cambio, en este caso, creemos que pecan de sobriedad. No olvidemos que se practicó contra las mujeres diversas formas de represión específica: rapado de pelo, ingesta de aceite de ricino y violencia sexual que no aparecen en estos relatos, quizás asumidos como «normales» en aquella época, y que son evocados con fórmulas generales como «sufrió mucho maltrato. Mucho[4]

Las mujeres de estos marinos padecieron las mismas situaciones que muchas mujeres de soldados, oficiales o funcionarios exiliados. Sus experiencias no están marcadas por ser mujeres o familiares de marinos sino por ser mujeres de republicanos y de vencidos. Así, a través de este estudio de caso, nos podremos aproximar a conocer un fenómeno más general que afectó a más mujeres desconocidas y olvidadas y nos permite un acercamiento a «la complejidad de lo real» que caracteriza a todo fenómeno histórico. (Yusta, 2005: 34)

Las mujeres que marcharon al exilio en 1939

Al finalizar la guerra, hubo un grupo de mujeres de marinos, de las que tenemos identificadas nominalmente cincuenta y cuatro, que salió de España. con su marido, compañero o hermano.   

Algunas partieron hacia Francia en el momento de la Retirada junto a sus esposos que eran principalmente miembros de la Subsecretaría de Marina o de la flotilla de vigilancia de Cataluña. En numerosos casos no pasaron la frontera físicamente juntos puesto que sus maridos siguieron cumpliendo con su rol militar hasta el último momento. Ellas cruzaron la frontera solas, con sus hijos o familiares más mayores. Un buen número vivió una verdadera odisea para sobrevivir «en una situación límite» (Egido, 2018:184). María Alcolea Martínez[5], es un buen ejemplo. 

María Alcolea Martínez en 1935 en la Escuela de Comercio de Cartagena.
(Archivo familiar Libertad Heliot).

Llegó al pueblo de Port-Vendres, Francia, con un grupo de mujeres y su hija Libertad de nueve meses. Estaba desesperada, sin saber a dónde ir ni si su compañero, el suboficial de electricidad y torpedos Francisco Bértalo Blanco había podido pasar la frontera o había muerto. Familias de Port-Vendres acogieron a las mujeres republicanas en sus casas, pero dos días después el Prefecto prohibió hospedar a españoles y se las llevaron a Rodez, a 150 km de Toulouse, las metieron en un granero con camas y un tubo para el agua en el pesebre. Tuvo la suerte, relativa, de que su hija enfermara de tosferina, -enfermedad grave en aquellos tiempos y circunstancias- la ingresaron en el hospital y allí, María “ayudó” en lo que se le pedía por un plato de comida y cobijo. En 1940 su compañero salió del campo de concentración de Argelès-sur-Mer, fue enrolado en una Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE) y mandado a trabajar a un polvorín en Mauzac, en Aquitania. Por medio de la Cruz Roja, María pudo saber de Francisco y se reunió con él. Vivían en una chabola sin luz, María cosía, desgranaba el maíz, cosía los sacos de granos con rafia. Después, se llevaron a Francisco Bértalo, encuadrado en la organización Todt, a trabajar en la construcción del Muro del Atlántico hasta que escapó y quedó con la resistencia en Bourges, en región Centro-Valle del Loira. Cuando Francisco consiguió mandarle un plano indicándole el camino para reunirse con él, María emprendió la difícil tarea de pasar la línea de demarcación[6] con la niña, una bicicleta y una fiambrera. Lo consiguió. Continuó viviendo en muy malas condiciones hasta la Liberación en 1945.

Algunas de estas mujeres que salieron con sus maridos fueron casos “privilegiados” - si se puede hablar de privilegios en un exilio improvisado y angustioso- ya que los maridos contaban, por su empleo dentro de la Armada, con redes financieras, organizativas o políticas suficientes para poner a salvo a sus mujeres y continuar, en numerosos casos, su exilio a Latinoamérica. Éste fue el caso, entre otros, de Rita Gutiérrez Martínez, mujer del ministro de Marina, Francisco Matz Sánchez[7]; de Candelaria Egea Rubio, mujer del jefe de la Flotilla de vigilancia y defensa antisubmarina de Cataluña, Antonio Yañez Piñeiro[8] y de María Álvarez Campomanes, mujer del jefe del arsenal de Cartagena, Norberto Morell[9].

Otras mujeres salieron con la flota el 5 de marzo de 1939. Fueron 21 mujeres y 4 niños y niñas embarcados en el crucero Cervantes y el destructor Jorge Juan que desembarcaron en Bizerta, Túnez, quedando desde el 13 de marzo en el antiguo hospicio para ancianos de Kassar-Saïd la Manouba[10] . Se podría pensar que se trataba de las familias de mandos de la flota, pero hemos constatado que no fue así. No hemos encontrado entre estas mujeres a esposas o familiares de mandos significativos de la Armada. Son principalmente mujeres o hijas de civiles que trabajaban en la Base de Cartagena y provenían de zonas ocupadas tempranamente por los rebeldes (Cantabria, Vizcaya, Asturias), dos son mujeres de marinos de la Reserva Naval (las dos de la provincia de Vizcaya) y nueve de estas mujeres (casi el 43%) eran novias o esposas de marineros, fogoneros o cabos.

Tres hermanas que marcharon con los barcos de la Escuadra, Josefina, Isabel y Francisca Casanova Torres, ilustran la zozobra que se vivió cuando la flota salió del puerto de Cartagena en la mañana del 5 de marzo de 1939. 

Josefina Casanova Molina en los años 50
(archivo familiar de su nieta Laure Durand)
 

Eran hijas de un instructor militar monárquico, pero ellas estaban muy comprometidas con la República. Tenían 24, 18 y 17 años. Eran mecanógrafa, enfermera y cartuchera en el Arsenal, respectivamente.  Se sintieron profundamente angustiadas cuando vieron que los barcos salían del puerto, que la guerra había terminado y que los franquistas entrarían, según se decía, en cuestión de horas.  Su mundo se venía abajo, así que subieron en el Almirante Jorge Juan, no sin pelear y aduciendo ser novias de tres marinos de otro buque[11]

Señalaremos, finalmente, que quince de estas mujeres que marcharon con la flota tenían un oficio, reflejo sin duda de la importancia que la República dio a la formación de la mujer: eran mecanógrafas, enfermeras, obreras cartuchera en el Arsenal, modistas, peluqueras e incluso una protésica dental y una profesora en partos.

Por fin, algunas mujeres marcharon junto a sus maridos a Orán, con la última ola de exilios en marzo de 1939, a bordo de toda clase de embarcaciones improvisadas[12]. A veces Orán constituyó también un punto de encuentro antes o después de la salida de España de los maridos. Por ejemplo, hemos constatado, que del Huntress, embarcación inglesa procedente de Cartagena, bajaron el 4 de marzo 1939, dos mujeres de mandos con sus hijos[13]. También llegaron al menos dos mujeres a Orán en el Stanbrook, el último barco que salió de Alicante, cuando sus maridos estaban ya en Túnez[14].

 

Mujeres de marinos republicanos exiliados que se quedaron en España

La gran mayoría quedó atrás y vivió como toda mujer, compañera, familiar de republicano en aquel momento, es decir, de hombres que fueron fusilados, represaliados o exiliados. Fueron mujeres invisibles, que se vieron desvalidas y tuvieron que tratar de sobrevivir, ellas y su familia, en condiciones muy adversas.

Tenemos numerosas referencias de que, durante los primeros años, no supieron si sus compañeros habían podido salir de España, estaban en alguna cárcel o habían sido fusilados con lo cual fueron mujeres de represaliados, sin que supieran lo que les había ocurrido a sus maridos. Por temor a las represalias que podrían sufrir sus familiares, los exiliados tardaron en comunicar con sus familias y lo hicieron generalmente por medio de algún familiar emigrado a América, a Francia o a través de la Cruz Roja.        

Entre las que se quedaron hubo un número consecuente que consiguió reunirse con sus maridos unos años más tarde, emprendiendo su propio exilio, especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, es decir que estas salidas se produjeron en general entre siete o diez años después del fin de la guerra de España. Sus vías de salida fueron cruzar clandestinamente la frontera con Francia, o viajar a Argelia y Túnez en condiciones complicadas. Otras marcharon a Latinoamérica con las dificultades propias para llegar a estos países en aquellos momentos como fueron la II Guerra mundial y la carencia de embajada de México en la España franquista.

Nos hemos interesado en particular por este grupo de mujeres por la diversidad de experiencias que vivieron y porque constituyen, sin duda, la prolongación del exilio político de 1939 y por la escasez de documentos que plasmen este exilio poco estudiado.

 

Las mujeres que, al cabo de los años, consiguieron salir de España para reunirse con sus compañeros en el exilio, constituyen un grupo heterogéneo e incluso puede parecer de «contornos imprecisos» (Yusta, 2005: 6) por la variedad de situaciones que vivieron, pero, en realidad, a grandes rasgos siguen un patrón similar[15].

Sus edades oscilaban entre los 24 y los 43 años en el momento de acabar la guerra y la media de edad era de 27 años en ese momento. Cuando emprendieron su propio exilio, habrá que situar la media en torno a 34 años, aunque ya veremos que las circunstancias de su exilio fueron diversas y que se realizaron en momentos distintos. En su gran mayoría eran casadas. Vivían y provenían mayoritariamente de un medio urbano: Ferrol, Málaga o Cartagena. De los setenta y ocho casos de mujeres estudiados, cincuenta tenían hijos, es decir un 64%.

La mayoría poseían estudios primarios y también había entre ellas mecanógrafas[16], alguna maestra[17] o una fotógrafa[18], profesiones que habían abandonado al casarse.

Antes del exilio de sus maridos o compañeros eran fundamentalmente amas de casa, no habían tenido necesidad de trabajar. Sus maridos pertenecían a un sector social medio cualificado, lo que suponía que incluso entre las más modestas categorías de la Armada, como los fogoneros, las mujeres no necesitaran trabajar. De hecho, algunas precisaban al contar sus vivencias de la posguerra, que nunca habían trabajado para recalcar que era un mundo que desconocían.

Con el exilio de sus compañeros, cambiaron una situación social media para vivir a menudo al límite de la supervivencia. Se quedaron “solas” (según los criterios de la época) en los peores tiempos de hambre y de miseria de la posguerra cuando se desató una represión y un control social y policial en todo el país sin precedentes en España, particularmente con respecto a las mujeres. Y, a la vez, tuvieron que sacar adelante a sus hijos, madres, hermanas o suegros, con los que más tarde emprendieron su particular exilio. Se convirtieron en el único puntal del grupo familiar

Fueron mujeres que se quedaron en numerosos casos ni solteras ni viudas ni casadas ya que los matrimonios que se inscribieron sólo en el Registro Civil[19], quedaron automáticamente anulados y los niños fueron despojados del apellido paterno.

Por ser mujeres, madres o hermanas de antifranquistas, fueron estigmatizadas, rechazadas, amenazadas, encarceladas, torturadas, condenadas y ejecutadas, fundamentalmente por su vínculo familiar, como si fuera de por sí un delito.

Creemos que esta investigación es relevante para conocer cómo mujeres sin recursos ligados a redes políticas, sociales o financieras, sobrevivieron a las duras condiciones de vida de toda mujer de vencido en la España de la posguerra y que, además, encontraron los medios y el coraje para marchar al exilio.

 

Exclusión social, vejaciones, amenazas e interrogatorios

La dictadura las estigmatizó y marginalizó, sufrieron exclusión social desde negarles públicamente el saludo hasta la exclusión de su propia familia. Se convirtieron en apestadas. 


Isabel Buforn Lledó el día de su boda en 1923.
(Archivo familiar David Giacobbi).

Isabel Buforn Lledó, a partir del exilio de su marido, «sólo era recibida por la puerta trasera ya que nadie quería que la vieran con ella en Cartagena» [20].

Algunas tuvieron la suerte de ser protegidas por su familia que las ampararon a costa de vivir en un aislamiento social casi completo[21].

Otras sufrieron exclusión familiar, rechazadas por la propia familia, que eran adherentes del Nuevo Orden. Esto era perder una protección fundamental en aquella sociedad exclusivamente patriarcal. Esta situación les impelió a buscar salidas urgentemente. Fue el caso de Consuelo Ros Nicolás[22], a quien su familia cerró su puerta cuando ella se encontró su propia casa destrozada cuando salió la Flota de Cartagena. Tuvo que irse a Barcelona, acompañada por un primo, donde nadie la conocía y donde trabajó de niñera y en una fábrica

Queremos señalar que, a menudo, cuando hablan de desplazamientos por España en aquella época, indican que algún familiar las acompañaba ya que hacer un viaje solas era seguramente impensable en aquel momento[23].

El hambre que pasaron las clases populares en la postguerra fue un medio de dominación política (Alía, 2017: 216). Las mujeres de represaliados políticos sufrieron, junto a sus hijos penurias y miseria y «pasaron hambre, mucha hambre» [24].

Para subsistir y sacar adelante a los hijos, cuando no a sus padres o suegros, en aquella España del hambre buscaron trabajo de lo que podían y a las duras.

Puri Torres Alonso en los años 30 en Adra.
(Archivo familiar Nicolás Infante Torres).

Puri Torres Alonso, vivía en Adra, Almería, un pueblecito donde todos se conocían y se vigilaban. Además de su hija, se quedó a cargo de su suegra. Puri no tenía oficio, pero consiguió emplearse en la fábrica de conservas Santa Isabel y aprendió a soldar las tapas de las latas de conserva y a defenderse del derecho de pernada de los jefes de taller. Cuando volvía a casa hacía punto para gente conocida, contribuyendo también la suegra y la niña que, al volver del colegio, ayudaba en esta labor suplementaria [25].

Generalmente optaron por trabajos de costura en casas acomodadas, pero como casi nadie daba faena a la mujer de un represaliado, la mayoría tuvo que marchar a otra ciudad donde nadie las conocía. Carmen Ibáñez Muñoz no se pudo quedar en Cartagena. Recordaba su hija que «tuvo que marchar a Madrid. Trabajaba cosiendo en casas adineradas por cinco pesetas diarias y la comida. Las niñas, nos quedamos al cuidado de su hermana que muchas veces nos llevaba a comer al Auxilio Social. Le daban la cena en las casas que la empleaban y la traía a casa para nosotras» [26].

Sacaron para comer de donde pudieron. Hubo mujeres que para sobrevivir tuvieron que ejercer actividades al margen de la legalidad. Isabel Buforn Lledó, originaria de Villajoyosa, Alicante[27], tras vender los enseres de su casa para sobrevivir se tuvo que marchar a Villajoyosa, de donde era originaria donde subsistió del estraperlo del chocolate que fue una forma de enriquecerse del sector de la población que había apoyado la sublevación pero que también fue utilizada a muy modesta escala por un sector empobrecido para sobrevivir (Torres Fabra, 2011). Aunque no fue el caso de Isabel, un elevado porcentaje de mujeres que fueron encarceladas por delitos sociales en la década de los cuarenta por ser «modestas colaboradoras del comercio paralelo» (Ginard, 2013:34).

La miseria en la que vivían estas mujeres y sus hijos, el control sobre su conducta y moralidad quedan reflejados en la petición de Leonarda Sánchez Gaviña. El 9 de febrero de 1945 presentó en el Ayuntamiento de Cádiz, en la sección de “Huérfanos de la Revolución y la Guerra”, una petición para que sus tres hijos fueran incluidos en el censo de huérfanos ya que su padre estaba desaparecido. La sección pidió a la guardia urbana un informe sobre «conducta, moralidad y pobreza» de la solicitante. «El guardia encargado» declaró que era de buena conducta y moralidad, que «no tiene más medios de vida que la de sirvienta» y que dos de los hijos no van al colegio por encontrarse enfermos mientras la hija mediana «se ocupa de los quehaceres de la casa»[28]En estas condiciones de hambre, la desnutrición y las enfermedades infecciosas hicieron pronto su aparición (Ibáñez, 2014). 

Encarnación González Martínez, el día de su boda
el 12 de mayo de 1934 con Baltasár Sánchez Huertas.
(Archivo familiar Robert Sánchez)

Como consecuencia de esta situación, algunas sufrieron la muerte de sus hijos como Encarnación González Martínez que perdió a su hijo de 5 años (llamado Lenin) en 1940 «de hambre»[29]Amparo Tendero González, perdió a su hija Alicia, de 6 meses, enferma de neumonía en marzo de 1939[30]. Encarnación Mondéjar Gabarrón, mujer del auxiliar técnico Antonio García Sánchez, perdió a su hijo José con 18 años en 1942, «como consecuencia de las privaciones de entonces»[31].

A la marginación social se añadió una represión «cotidiana», corriente, con amenazas, registros de sus casas, interrogatorios en comisaría o en el cuartel de la guardia civil, humillaciones, palizas y vejaciones que no suelen ser consignados en los archivos correspondientes. Sin duda, estas actuaciones fueron formas de venganza por no tener a los maridos, hermanos o hijos para castigarlos. Se puede decir que las mujeres pagaron por los «delitos» de sus hombres. Lo que Ángeles Égido llama «responsabilidad subsidiaria» (2011:28). Puri Torres Alonso, fue convocada varias veces por la policía a comisaría para indagar sobre el paradero de su marido. La amenazaban, la atemorizaban y le hicieron finalmente firmar un documento en el que renegaba de su marido y se comprometía a denunciarlo si se ponía en contacto con ella[32]; Manuela Beceiro Fereiro se quedó con dos niños en Ferrol. Las visitas constantes de la Guardia Civil con registros de la casa, por si tenía a su marido escondido, la tenían aterrorizada, teniéndose que ir al campo con sus suegros, donde se sintió más amparada[33]

Carmen Martínez Moreno, en Londres en los años 50.
 (Archivo familiar Mary Rosique Martínez)

Carmen Martínez Moreno fue convocada a la Comisaría de Cartagena donde «le llamaron la atención por ser la mujer de un rojo y le señalaron cartas [de su marido] que estaban expuestas en un tablero y se las zarandearon y rompieron delante de ella. Ella solo pudo llorar, pero la dejaron marchar a casa»[34]; Micaela Vila Segura se quedó con un niño recién nacido en Cartagena y se refugió en casa de sus suegros en Asturias. Pero su hijo, ya más mayorcito, recordaba que «a casa iba la guardia civil de vez en cuando, se los llevaban y les daban palizas»[35].

 

Cárcel, torturas y ejecuciones

El franquismo no dudó en aplicar castigos severos sobre las mujeres como las torturas, los juicios, el encarcelamiento y las ejecuciones[36]. Aunque algunas mujeres podían tener una militancia política, las acusaciones en los juicios se basaban fundamentalmente en su participación en la vida pública y su parentesco con opositores al régimen (Blanco Rodríguez, 2020)

Josefina Martínez Cinza con su hija Amalia con quien cruzaría
los Pirineos clandestinamente 1949.
Archivo familiar David y Amalia Fernández Martínez

Éste fue probablemente el caso de Josefina Martínez Cinza, que sufrió violencia en el cuartel de la guardia civil donde estuvo detenida 15 días y «donde sufrió mucho maltrato. Mucho» como recordaba su hija. Luego la ingresaron en la cárcel donde permaneció sólo seis meses ya que los cargos contra ella debían ser muy débiles[37]. Con su ejemplo queremos insistir en las palizas que sufrían en el cuartel de la guardia civil o en comisaría, sin obviar otras violencias más específicas, que indudablemente no constan en ningún archivo y que sólo se pueden conocer a través de testimonios o recuerdos familiares. 

Entre las mujeres estudiadas nos constan algunas militantes en organizaciones como la CNT, el PCE o su pertenencia al Socorro Rojo Internacional (SRI.) donde hacían generalmente labores de protección a los heridos, a los niños huérfanos o de ayuda tras los bombardeos, es decir que su participación en la vida política solía ser secundaria. Entre las mujeres estudiadas sólo una, Amelia Jover Velasco fue una activa militante de primera línea de la CNT[38].

En realidad, eran condenadas y castigadas por «la transgresión de los modelos tradicionales de domesticidad femenina» (Abad y otros, 2012: 15)

Elvira Casado Martínez el día de su boda en 1928 en Cartagena.
(Archivo familiar Manuel Ramírez Jover).

Es claramente el caso de Elvira Casado Martínez[39]. Fue una de las dos mujeres condenadas a muerte en Cartagena (Moya, 2015: 271). Estaba afiliada al PCE, aunque su labor en este partido se limitó «a ponerse un mono y ayudar a desescombrar las casas alcanzadas por los bombardeos». Al terminar la guerra fue detenida, encarcelada, juzgada y condenada a pena de muerte por un tribunal militar,  conmutada en 1942 a 30 años de reclusión. El tribunal que la juzgó argumentó contra ella «su asistencia a una manifestación convocada como reacción a los bombardeos que sufrió la ciudad donde vociferaba consignas». Éstos son los puntos fundamentales y oficiales para condenarla a muerte: se manifestó «públicamente» y además «vociferando», lo cual era un comportamiento inconcebible y considerado altamente peligroso para la sociedad patriarcal reinstaurada con el franquismo. Además, fue una «detenida-madre» (Di Fevo,1979:33) ya que fue ingresada en la cárcel con su hijo menor de 3 años. Todas las noches, cuando venían a hacer las sacas, temía que vinieran a por ella y le era intolerable pensar que, además, tendría que abandonar a su pequeño. Cuando su pena de muerte fue conmutada a perpetua, emprendió «a peregrinación a la que fueron sometidas las mujeres encarceladas por las prisiones de toda España» (Égido, 2011:21) y sus hijos fueron entregados a la Casa de la Misericordia.

También hubo mujeres ejecutadas, sin juicio, muertes extrajudiciales (Guinard, 2013, 25-26). Eulalia Marí Torres fue una de las 2 únicas mujeres ejecutadas en Ibiza. El historiador ibicenco Artur Parrón Guasch supone que «habría hablado». Es decir que suponía que habría manifestado su adhesión republicana públicamente, lo cual, ya lo hemos visto, era intolerable y falta grave para el franquismo. Pero es una suposición. Lo que sí es cierto es que Eulalia tenía dos hermanos, uno miliciano y otro marino que marchó al exilio. Los falangistas, a quienes se les dio en aquellos años «carta blanca» (Richards, 1999: 55), iban a su casa para preguntar por el paradero de los hermanos, robando lo que querían en la casa. Una noche se la llevaron a ella, la violaron, le cortaron su larga trenza y la ejecutaron[40]

 

Las mujeres que emprendieron su propio exilio

Finalmente, parte de estas mujeres protagonizaron su propio exilio[41], iniciando lo que se podría considerar como una prolongación del exilio republicano de 1939. Tuvieron el valor y el arrojo necesario para salir hacia lo desconocido en tiempos difíciles como prolongación del exilio de sus compañeros a los que no pudieron acompañar en 1939. Se trata de un exilio poco conocido y poco documentado, pero exilio sin duda. Es cierto que no fueron reconocidas como exiliadas por los países de acogida, o al menos en pocos casos (Martínez, A., 2019) sino que fueron asimiladas a inmigrantes. En Francia pasaron por una época de semiclandestinidad, pero una vez regularizada su situación, pudieran volver a España para visitar a la familia y salir de nuevo al extranjero, aunque no olvidemos que las que salieron clandestinamente de España o sin regularizar su situación, no sabían si lograrían volver. Por el momento en que se produjeron estas salidas se podría considerar que participaron del inicio de la última ola migratoria que se dio en España (Fernández Vicente, 2007) aunque, teniendo en cuenta las situaciones arriesgadas en que se efectuaron parte de estas salidas, es difícil hablar de emigración estrictamente.

Planteamos un ámbito ambiguo entre exilio y emigración (Ortuño, 2013), aunque sin duda consecuencia del exilio de 1939. Esta expatriación fue debida sin duda al deseo de reagrupación familiar, pero no podemos olvidar otros motivos que propiciaron la salida como el temor a volver a ser encarceladas, apalizadas, juzgadas, a sufrir registros constantes de su casa, a ser detenidas, controladas incesantemente, a no tener trabajo para comer y ser rechazadas socialmente, es decir el temor a la represión policial y marginación social y económica que se cebó particularmente con las mujeres en la primera España franquista, tal y como hemos visto. Por todo ello, además del factor familiar no debemos olvidar la represión que sufrieron y que las empujó, como forma de resistencia, a abandonar una España opresiva.

Fue un exilio fragmentado, prolongado en el tiempo y casi siempre tardío. Fue fragmentado porque se produjo a partir de salidas individuales[42] que no tuvieron el carácter masivo del ocurrido como consecuencia directa de la guerra. Fue tardío por varias razones. En primer lugar, la Segunda Guerra Mundial no favorecía los viajes al extranjero y aunque se produjeron fueron escasos[43]. Por otra parte, las mujeres tardaron años en saber que sus maridos habían podido salir de España, es decir que no estaban encarcelados o fusilados y que tenían la posibilidad de reunirse con ellos. Por temor a las represalias contra las familias, los exiliados tardaron en encontrar el medio de comunicarse con sus allegados en España de forma discreta y segura para ellos. Por fin, como hemos visto, en numerosas ocasiones, las mujeres abandonaron su casa, buscando trabajo o protección en otros lugares fuera de su hogar y eso retrasó o incluso imposibilitó el contacto. Fue el caso de Josefina Valverde Belmonte que, de Cartagena marchó a Murcia con sus padres y con un niño de 3 años donde pudo trabajar cosiendo por un plato de comida. Su marido, tardó 6 años en poder conocer su nueva dirección[44].

Fue un exilio tardío y prolongado en el tiempo porque, como ya hemos indicado, la situación de conflicto en Europa hasta 1945 no favoreció los desplazamientos extrafronterizos. De hecho, en los casos estudiados los viajes se produjeron mayoritariamente entre 1947 y 1950. Los años de separación media entre marido o compañero y las mujeres fue de siete años en el grupo estudiado. Había niños y niñas de 12 años que no conocían a su padre por haber salido éste de su casa – sobre todo en Galicia- en 1936 para no volver.  

Hubo situaciones en que la separación se prolongó más de lo impensable. 

Manuela Beceiro Fereiro, en la Colonia San Ángel en 1957
(Archivo familiar Verónica Salido Mosquera)


Fue el caso de Manuela Beceiro Fereiro que no pudo reunirse con su marido en México hasta 1957, tras 15 años de separación, porque el dinero que éste ganaba no daba para traerse a su mujer y sus 2 hijos. Al llegar a México José Mosqueira fue mandado a la colonia San Cristóbal de las Casas en Chiapas, en condiciones muy difíciles[45]. Con el primer dinero que pudo ahorrar se trajo a México a su hijo mayor en 1949 y, trabajando los dos, pudieron reunir el dinero para traer a la madre y a la hija cuatro años después[46]. Otro caso de larga separación fue el de Consuelo Fontán, con 2 hijas, que, tras complicados avatares de su marido en su exilio, sólo pudieron reunirse en 1962 en La Habana, tras 23 años de separación[47]. Elvira Casado Martínez, después de salir de la cárcel de Málaga en 1947 en libertad provisional y tener que presentarse en el cuartel de la Guardia Civil todos los meses durante casi 10 años, pudo agrupar a sus tres hijos y reunirse con su marido, el fogonero Fulgencio Jover, en 1957 en Casablanca, 18 años después del fin de la guerra[48].

Las dificultades para emprender un exilio en plena posguerra fueron enormes. La frontera con Francia estuvo cerrada hasta 1950, alcanzar Argelia o Túnez acarreaba grandes problemas documentales y logísticos y cruzar el océano para llegar a Latinoamérica tampoco era fácil, teniendo en cuenta las condiciones de precariedad en las que las mujeres vivían en general y los problemas para conseguir un pasaporte.

Sólo para desplazarse por el territorio, durante la posguerra, se necesitaban justificantes, permisos y autorizaciones y las mujeres necesitaban de un acompañante masculino para no atraer sospechas ya que en el franquismo la mujer estaba siempre tutelada por un varón.

Hubo otros factores que dilataron la salida de España. Para obtener pasaportes las mujeres necesitaban tener una carta de llamada que emitía la embajada de España del país donde estaban los maridos exiliados. Presentarse en la embajada de la España franquista era algo difícil para los exiliados y en algunos casos insalvable por su militancia[49]. A Francia, al estar cerrada la frontera, sólo podían pasar clandestinamente, atravesando los Pirineos por los pasos de Cataluña o del País Vasco con un guía. Para aquellas que querían ir a México, hay que recordar que México y la España franquista rompieron las relaciones diplomáticas desde 1936 hasta el 28 de marzo de 1977.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, si habían sido simplemente pareja, novios o se habían casado ante el registro civil en zona republicana durante la guerra, tenían que casarse por la iglesia para estar realmente casados y justificar su interés en reunirse con su marido, teniéndolo que hacer por poderes. Este trámite podía ser largo y complicado. Isabel Navarro Giménez con una niña, se casó por poderes para reencontrarse con su compañero, pero los trámites fueron tan interminables y dificultosos que ni siquiera pudo emprender el viaje ya que su marido murió en 1945 en Túnez[50]

Victoria García Izquierdo, embarcada en Barcelona en 1949, camino de México.
(Archivo familiar Vickie G. Jaén Torres).


Por complicaciones con los trámites, nos consta que María Vidal Araujo, novia del marinero oficinista Faustino García Puga prefirió marchar soltera a Chile[51] y lo mismo hizo Victoria García Izquierdo, novia del radiotelegrafista Rafael Torres Toimil, para casarse en México[52].

Se dieron también algunos casos curiosos como era casarse por poderes con algún refugiado que no conocían directamente. Los exiliados preferían casarse con una española, lo cual era excepcional en Túnez o Argelia, si exceptuamos las hijas de otros compañeros que habían podido traer a su familia. Sabemos del caso de Dolores Molines Bañón cuyo futuro marido, el suboficial de artillería Rafael Dasí Navarro, la conoció a través de una foto exhibida por su hermano, marino y exiliado en Túnez, emprendiendo una correspondencia que terminó en boda por poderes[53]

Finalmente, pero no por ello menos importante, se necesitaba mucho dinero para mover papeles, sobornos, permisos, para pagar a los guías clandestinos y para pagar trenes o barcos. Ellas, con sus trabajos precarizados, difícilmente podían costear tales gastos y eran generalmente los maridos los que hacían llegar el dinero por medio de cadenas de ayuda y solidaridad que hicieron posible estos desplazamientos.

Hacer llegar dinero a la familia en España era obviamente complicado. Algunos escondían pequeñas cantidades en las cartas, pero no siempre llegaban[54]. Uno de los sistemas utilizado era un entramado algo complejo: un exiliado le daba una cierta cantidad de dinero a otro exiliado y la familia de éste, en España, le daba esa cantidad a la mujer o a la madre del primer exiliado[55]. Otro sistema que hemos conocido a través de cartas conservadas por la familia fue hacer llegar el dinero a través del familiar de un refugiado en Túnez que vivía en Francia y para quien era posible hacerle llegar «de la forma convenida» la cantidad de dinero que necesitaba para hacerse el visado[56]

Ana María Rico en Marsella en 1952. Archivo familiar Angelita Méndez Rico

Y no podemos ni imaginar qué compleja red utilizaría el fogonero preferente Antonio Méndez Pérez, que, desde Túnez conseguía hacer llegar a su mujer Ana María Rico Méndez y a sus tres hijos algún paquete por medio del autobús de línea de Mazarrón, Murcia, donde vivían.[57]

Para facilitar y pagar por adelantado el viaje en tren en Marruecos, Argelia y Túnez, los exiliados recurrían a una red de amigos refugiados, de personas solidarias y de ferroviarios franceses para facilitar la llegada de las mujeres y familias planificando minuciosamente el viaje en el Norte de África y pagando por adelantado los trenes que debían coger.

Encontrar y pagar a un guía para pasar la frontera con Francia clandestinamente, suponía desplegar igualmente, tanto por parte de los exiliados como por parte de las mujeres que querían salir, toda una red de informantes y de apoyos, de casas donde hospedarse antes de pasar la frontera y después de pasarla, donde necesitaban un punto de apoyo para seguir[58]. También se dieron casos de solidaridad entre mujeres que querían cruzar fronteras. Pepita Martínez Cinza pagó al guía que le ayudó a pasar clandestinamente la frontera a Francia por otra mujer republicana y su niña que no tenía el dinero requerido y que conoció en Barcelona mientras buscaba salir de España. 

Como la mayoría de los marinos se exiliaron al norte de África, el colectivo más importante de mujeres que hemos estudiado se expatrió a Túnez, Argelia o Marruecos (Casablanca) pero los caminos y dificultades de las mujeres de republicanos exiliados que quisieron reunirse con sus maridos fueron sin duda parecidos.

Los viajes eran verdaderas odiseas: largos, complicados y generalmente con el dinero justo. La hija de Manuela Collado López, recordaba que tardaron once días desde Ferrol hasta Túnez. Tras cruzar toda España, el tren llegó con nueve horas de retraso a Málaga y perdieron el barco hasta Melilla. Cuando llegaron por fin a la frontera de Marruecos en Melilla, el aduanero le quitó lo único que Manuela había podido llevarle a su marido tras 8 años de separación: un par de calcetines. Tras cruzar Argelia finalmente llegaron a Túnez[59].

Las mujeres utilizaron todo tipo de transportes para conseguir llegar a destino. Nati del Cerro Pérez cogió en 1942 con sus dos hijos un barco en Cartagena y, navegando de noche, hizo escala en Almería, siguieron hasta Málaga, desde donde cogieron otro barco para Melilla. Allí se quedaron cuatro días hasta coger un autobús hasta Oujda, el paso fronterizo, siguieron hacia Orán y por fin llegaron a Túnez en tren[60]. María Evaristo López, la mujer del auxiliar de Artillería Juan Román Jiménez, el mismo día en que consiguió tener el pasaporte en mano, recogió a su hija de 10 años, subió al primer autobús que salía hasta Vigo, embarcó en un buque hacia Cádiz y desde esta ciudad un tren de pescado las llevó hasta Algeciras, alcanzando Tánger en barco y después Casablanca, terminando el resto del viaje en tren hasta Túnez[61]. Purificación Torres Alonso, fue pasando por todas las ciudades costeras del Magreb en autobús hasta Bizerta. El viaje, de varios días, «fue agotador»[62].

Hubo también recorridos poco comunes como el de Consuelo Ros Nicolas, mujer del fogonero Domingo Aledo, que embarcó desde Barcelona donde trabajaba, a Córcega y de allí a Túnez, nueve años después de la partida de su marido[63].

Para irse a Inglaterra, donde estaba su marido tras enrolarse con los ingleses durante la II Guerra Mundial, Carmen Martínez Moreno se subió en un mercante lleno de naranjas que estaba atracado en el puerto de Cartagena e iba a Inglaterra. El viaje duró 8 días, que ella recordaba agónicos[64]

Victoria Díaz Alcázas en 1949 en Hendaya, Francia, recién cruzado el Bidasoa.
(Archivo familiar Victoria Fernández Díaz)

Hacia Francia algunas marcharon clandestinamente en barquito[65],  o cruzaron la frontera catalana[66] o pasaron por Euskadi.  Victoria Díaz Alcázar, la mujer del teniente de navío (ENP) José Fernández Navarro, cruzó clandestinamente el Bidasoa de madrugada, con el agua por encima de la cintura, tras presentarse una noche un guía vasco en casa de sus padres, con quienes vivía en Cartagena[67]

Los exilios a Latinoamérica tuvieron dificultades económicas, pero también administrativas por la ruptura diplomática entre México y la España franquista. Algunas

pasaban por Portugal donde la embajada de México en Lisboa debía expedir el visado[68] En otros casos salvaban el escollo pasando por Francia[69]. Algunos viajes se hacían más complicados, como el de Mercedes Hernández Cardona que llegó a Nueva York en barco en tránsito hacia Cuba y desde allí a México para reunirse con su marido[70]. Mayoritariamente las mujeres se reunieron con sus maridos o pareja en México[71], pero también hubo reuniones, que sepamos, en Chile[72] y Venezuela[73].

Estas mujeres se iban con sus hijos, por supuesto, lo cual no dejaba de ser arriesgado y valiente. También marchaban con sus padres, hermanas o suegros de los que ellas eran el soporte y que no podían abandonar. Isabel Buforn Lledó, cruzó España, Marruecos, Argelia y Túnez con dos hijas, su hermana y su madre. Su hermana, Vicenta, que vivía con ella y era maestra de la República había sido encarcelada después de la guerra en el penal de Chinchilla y le estaban abriendo un nuevo expediente para volverla a inculpar. La salida de Isabel, maestra, con su madre, también maestra, y su hermana era una cuestión vital[74]. Josefa Segura Jiménez, se fue a Túnez en barco con sus suegros y su cuñada. Su suegro había sido oficial de carabineros, depurado y encarcelado durante unos años y probablemente era una familia a la deriva, como les pasó a tantos perdedores, sin posibilidad de trabajar y perseguido[75]. No son casos únicos[76].

Reflejo de las dificultades que tenían que sobrellevar, hubo viajes fallidos como el de Manuela Collado López, mujer del maestro zapatero del crucero Libertad José González López, que realizó un primer intento frustrado en 1946, después de vender todo lo que tenía en su piso de Ferrol. En Melilla no le dejaron salir de España. Lo volvió a intentar en 1947 con mejor fortuna[77]. Encarnación González Martínez acometió por dos veces el cruce de los Pirineos con sus dos hijos. La primera la detuvieron y la devolvieron a Cartagena. La segunda vez, en 1950, lo consiguió, pero le quitaron el dinero y se tuvo que quedar meses en Marsella, en casa de una familia, «que por supuesto era de los nuestros»[78], cosiendo hasta reunir el dinero para alcanzar Orán, donde estaba su marido. Fue una separación de 12 años.

Hubo también reencuentros dramáticos, como el de Nati del Cerro Pérez que marchó a Túnez con sus dos hijos en 1942. Al año siguiente, con una bebé recién nacida, su marido murió de manera repentina de un infarto. Nati tuvo que volver a España con 3 niños[79].  Con este caso, que no fue único, queremos subrayar las dificultades con las que se encontraron incluso después de la reunión anhelada.

 

Conclusión

Este estudio nos ha permitido examinar las diversas experiencias de las mujeres de los marinos exiliados en 1939.  En primer lugar, hemos observado que las que se exiliaron con sus maridos en 1939 tuvieron experiencias duras ya que, en la mayoría de los casos, estuvieron solas y responsables de hijos o familiares mayores y – no lo olvidemos-   porque ningún exilio es asumible. 

Las que se quedaron en España vivieron una postguerra difícil por la represión que sufrieron en un país donde las mujeres eran tuteladas por maridos, hermanos o padres, sin quienes no eran nadie. Nos ha parecido relevante la represión cotidiana, corriente, ordinaria como fue la exclusión social, las vejaciones, las amenazas e interrogatorios en cuarteles o comisarias que sufrieron. Es una represión prácticamente invisibilizada de la que queda poca documentación y estudio y que merecería una mayor atención. Estas represalias fueron similares a las sufrieron cualquier mujer de republicano y represaliado. Es decir, semejantes a las que padeció un sector más amplio de la población. También sufrieron una represión institucionalizada con juicios, cárcel, condenas de muerte o ejecuciones que hemos tratado a través de las experiencias personales y de su impacto en al ámbito familiar.

Por fin, esta investigación se ha centrado en el movimiento de exilio que emprendieron buen número de estas mujeres, sobre todo entre 1945 y 1950, Este fenómeno se enmarca entre el exilio y la migración, a la vez es una muestra de la resistencia que ejercieron estas mujeres por la resolución y el coraje que emplearon para salir de una España asfixiante y represiva en condiciones difíciles, a veces peligrosas. Es un fenómeno escasamente estudiado, poco documentado, en el que sería necesario profundizar cuantitativa y cualitativamente, para permitir un relato más complejo del exilio y que afectó sin duda a un importante tramo de mujeres «del común».

Por haber sido grandes olvidadas, este estudio nos parece pertinente al sacarlas del plano secundario o invisible en el que vivieron, recuperando a través de los datos esenciales de su biografía, una parte de su identidad, realidad y dignidad.

Al cabo, este estudio sobre las experiencias de mujeres «corrientes» en el entorno del exilio, permite explicar y entender mejor el propio exilio de 1939, y también permite considerar n aspectos que intervienen en las trayectorias de las protagonistas de otros exilios políticos y en otros contextos.

 

 

 

 

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[1] Hemos trabajado fundamentalmente con los archivos del Centre des Archives Diplomatiques de Nantes (CADN) en Francia; los Archives Nationales d’Outre-Mer (ANOM), en Aix-en-Provence, Francia; el Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH), en Salamanca; la Fundación Pablo Iglesias (FPI); el Archivo General de la Marina «Álvaro de Bazán» (AGMAB) en Viso del Marqués; el Archivo General de la Administración (AGA) en Alcalá de Henares; la Base de Datos de los Movimientos Migratorios Iberoamericanos del Portal de Archivos Españoles (PARES) y el Archivo de la Embajada de México en Francia (AEMFRA) en la Web Memorica México.

[2] Hemos recabado información en El Portal de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica; Los fondos de la Hemeroteca del Archivo Municipal de Cartagena; Diarios Oficiales del Ministerio de Marina, del Ministerio de Defensa y Gacetas de la República de la época estudiada. 

[3] Esto se percibe hasta en los pequeños detalles: en las listas de embarque a México del Sinaia sólo aparece el nombre y la biografía del marido, precisando que está casado sin más, como en el caso del médico de la Armada Rafael Villalobos Barahona, que marchó con su mujer, Carmen Castro Posada, su hija y su suegra y que no aparecen (Lista Sinaia. Archivo de la Fundación Pablo Iglesias). En las listas del Saint Domingue, Concepción Casuso, la mujer del almirante de la flota Luís González Ubieta, aparece como Concepción de González Ubieta (Alfonso Vera Canales. 2010. Al puerto de la esperanza. Autoeditado); El Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA) sólo proporciona el nombre de los hombres que migraron. Hay veces en que la propia familia habla de la “abuela” sin acertar a recordar el nombre o los apellidos.

[4] Testimonio de Amalia Fernández Martínez, en correo electrónico del 14/05/2019, hija de Pepita Martínez Cinza, recordando cuando su madre fue arrestada en el cuartel de la Guardia Civil en 1947 en Galicia.

[5] María Alcolea Martínez, nacida en Cartagena el 5 de diciembre de 1910, estaba estudiando en la Escuela de Comercio para presentarse a oposiciones de Hacienda cuando empezó la guerra. No era de ningún partido, pero se sintió identificada con las Juventudes Anarquistas. Marchó con su compañero, Francisco Bértalo Blanco, suboficial de electricidad y torpedos, a Valencia y luego Barcelona cuando éste formó parte del Estado Mayor.  Tras la Liberación se fueron a vivir a Rouen donde falleció el 13/05/ 2002. (Fuentes: ALCOLEA, María, Memorias inéditas transmitidas a la autora por su hija mayor Libertad Heliot).

[6] Era una línea divisoria que marcaba la división de Francia entre el territorio ocupado y administrado por el ejército alemán en la parte norte y oeste de Francia y la zona dicha “libre” en el sur durante la Segunda Guerra Mundial. Se requería un permiso para cruzar la línea legalmente, pero evidentemente María Alcolea no lo tenía y a pesar de todo lo consiguió.

[7] Rita Gutiérrez Martínez nacida en Cartagena, Murcia, en 1886, se casó el 28/02/1908 con el alférez de navío Francisco Matz Sánchez. Tuvieron 4 hijos. Falleció el 11/12/1991 en México (Family Search; Memorica; AEMFRA LEG. 332. EXP. 1).

[8] Candelaria Egea Rubio nació el 21/11/1920 en Mula, Murcia. Tuvo dos hijas. Entró con su marido en México en el Ipanema en 1939. Falleció el 25/06/1990 en México (Family Search. PARES, Registro nacional de Extranjeros en México)

[9] María Álvarez Campomanes, nacida en Asturias en 1907. Se casó el 20/06/1921. Tenía 32 años al marchar al exilio. Emigró a México en 1942 en el Nyasa. Falleció en México en 1990 (Memorica; Centro Documental de la Memoria Histórica. PARES).

[10] Centre des Archives Diplomatiques de Nantes (CADN) 2MI-564 fols. 4, 5, 6. Lista de los refugiados españoles en la Manouba; CADN 2MI-564 fol.7, Lista de los refugiados de Meheri-Zebbeus y Kasserine cuya familia se encuentra en la Manouba; CADN 2MI-564 fols. 8, 9. Lista de las refugiadas alojadas en el hospicio de ancianos de la Manouba.

[11] Josefina, Isabel y Francisca Casanova Torres habían nacido en Tetuán, por el trabajo como militar del su padre.  Isabel, anarquista, había trabajado en el hospital de las Brigadas internacionales en Murcia. Una vez en Túnez, se casaron con tres marinos. Con la independencia de Túnez marcharon a Francia. (Fuentes: correos electrónicos con Laure Duran, nieta de Josefina Casanova entre el 05/02/2019 y el 26/01/2023; CADN 2MI-564, fol.5. y fol.9.)

[13] Se trataba de María Carmen López, nacida en Palma de Gran Canarias en 1906, casada con el jefe de Estado Mayor de la Base de Cartagena Vicente Ramírez Togores. Tras encontrarse en Orán se embarcaron en 1942 hacia México y Josefa Piñera Vázquez, nacida en Cieza en 1897, casada con el jefe de los Servicios Civiles de la Base Naval de Cartagena, José Semitiel Rodríguez. (ANOM GGA. 3CAB HUNTRESS).

[14] Carmen Martín Fernández, nacida en 1910, casada con Eduardo Marón Jordán, teniente navío, comandante del Cervantes y Juana Izquierdo Montes, nacida en Navarra, con una niña de 7 años, casada con Pedro Marcos Bilbao, teniente de navío de la Reserva Naval (RN). (CADN 2MI 563, fol.295; AEMFRA LEG. 335. EXP. 4; Archivo Histórica de la Fundación Pablo Iglesias (FPI)).

[15] Hemos trabajado sobre una base de 78 mujeres.

[16] Victoria Díaz Alcázar, nacida en Cartagena en 1919. Estaba estudiando mecanografía antes de la guerra para presentarse a Marina. Se casó con el teniente de navío de la Escuela Naval Popular (ENP) José Fernández Navarro en febrero 1938, recién cumplidos los 18 años (Entrevista con Victoria Díaz Alcázar entre agosto de 2005 y enero de 2007).

[17] Como Isabel Buforn Lledó, casada con el capitán maquinista Vicente Selles Soriano. Había sido maestra, como su madre y su hermana (Entrevista telefónica y correos electrónicos con su bisnieto David Giacobbi entre el 09/04/2016 y el 25/02/2024).

[18] María Matrán García, hija del fotógrafo José Matrán Tudela de Águilas, nació en Águilas, Murcia, el 12/01/1912. Fue fundadora, junto a su hermana Francisca, de varias sucursales de estudios fotográficos en Lorca, Totana y en Huércal Overa.  En 1927 se pusieron al frente de Estudio Matrán en Cartagena, lugar muy apreciado por la sociedad cartagenera. Se casó el 18/09/1936 con el teniente maquinista Ángel Guevara de la Rosa. Tuvieron un hijo, Ángel. Después del exilio de su marido, ejerció la profesión de fotógrafa en el estudio de su padre, en Águilas. Se reunió en 1947 con su marido y tuvieron un segundo hijo, José. Con la independencia de Túnez marcharon a Francia. Falleció en Saint-Etienne, Francia, el 03/07/2001 (Fuentes: https://dbe.rah.es/biografias/61190/jose-matran-tudela; El Noticiero 21/03/1936; INSEE; CADN-C2MI-562-fol.201; Entrevista telefónica con su sobrina Carmen Matrán el 05/02/2025).

[19] Cosa que ocurrió con los matrimonios que se celebraron durante la guerra en zona republicana.

[21] Como Victoria Díaz Alcázar que se quedó en casa de sus padres, protegida por una hermana y cuñado falangista (Entrevista con Victoria Díaz Alcázar entre agosto de 2005 y enero de 2007)

[22] Consuelo Ros Nicolás, nacida en Murcia en 1918. Casada en 1937 con el fogonero Domingo Aledo Hidalgo en Cartagena. Tenía 21 años cuando acabó la guerra. Se reunió con su marido en Túnez en 1948. Se irán a Francia con sus 5 hijos en 1961. Falleció en Francia en1993 (Entrevista telefónica y correos electrónicos con su hijo Dominique Aledo desde el 13/04/2021 hasta el 01/02/ 2025).

[23] Lo indican explícitamente la misma Consuelo Ros Nicolás, Josefina Martínez Cinza, y Concepción Abdé Ramos.

[24] Los hijos mayores de Ana María Rico Méndez, casada con el fogonero preferente Antonio Méndez Pérez, le resumían con estas palabras a su hermana pequeña, Angelita, nacida en Túnez, lo que habían vivido en España, antes del reencuentro de sus padres. Microbiografía en la nota a pie de página n.º 57(Entrevista telefónica el 20/01/ 2025 con Angelita Méndez Rico).

[25] Puri Torres Alonso, nacida en Adra, Almería, el 9 de mayo de 1910, se casó el 20 de junio de 1932 con el suboficial naval Nicolás Infante Jiménez. Tuvieron una niña, Maru. Al marchar su marido, Puri se hizo cargo de su suegra que era muy mayor. Hasta que no falleció, Puri no se pudo plantear reunirse con su marido. Falleció en Túnez el 2 de marzo de 1987 y su cuerpo fue repatriado a Adra. (Correspondencia electrónica con Nicole Comte, nuera de Pura Torres Alonso, desde el 15/11/2016 hasta el 23/05/2024).

[26]  Carmen Ibáñez Muñoz, nació en Jaén, Andalucía, en 1910. Se casó en noviembre 1931 con el oficial radiotelegrafista Francisco López Estrella. Tuvieron 2 niñas. (Entrevista con su hija Carmen López Ibáñez en http://exiliorepublicano.org/carmen_lopez.html#inicio; correos electrónicos con su nieta Patricia Vernay el 5 y 6 de julio de 2017 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).

[27] Ver microbiografía en nota a pie de página n.º 20. Fuentes: Correos electrónicos con su biznieto David Giacobbi desde el 09/04/16 al 25/02/2024.

[28] Leonarda Sánchez Gaviña, nacida en Cádiz, Andalucía, donde vivía. Casada con el practicante y comisario político José Moreno Mesa, exiliado a Orán donde llegó en el Stanbrook.  Tenían 3 hijos (Archivo Histórico Municipal de Cádiz. Serie Beneficencia. Huérfanos, Expediente 137/1945, legajos 3030-3031, documentación proporcionada por José Luis Gutiérrez Molina, historiador y miembro del grupo de investigación Historia Actual de la Universidad de Cádiz y director científico de la página web Todos los Nombres)

[29] Encarnación González Martínez, nacida en Cartagena, Murcia, en 1912. Se casó en 1934 con el cabo fogonero Baltasar Sánchez Huertas. Después de la guerra, trabajó en la alpargatería de su padre que se hallaba a la cárcel de Hellín, mientras su hermano estaba exiliado en Francia en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer y su marido estaba en el campo de concentración de Meheri-Zebbeus en Túnez. Consiguió reunirse con su marido en Orán en 1950 después de intentar pasar a Francia por dos veces (Fuentes: Entrevista el 20/08/ 2012 a su hijo, Roberto Sánchez González y correos electrónicos del 15/01/ 2014).  

[30] Amparo Tendero, nacida en Sax, Alicante, el 11/10/1920. Se casó en Alicante en 1937 con el suboficial de artillería Alfonso González Hermida. Marchó de España en el Stanbrook en 1939. En 1941 se reunió con su marido que estaba en Colomb Béchar, campo de trabajo en Argelia. En 1948 se fueron a Venezuela.  Falleció en Venezuela en 1999. (Correspondencia electrónica con sus hijas Adela, Themis y nietas Carmen, Adela y Javier entre 2017 y 2018.

[32] Puri Torres Alonso era la mujer del auxiliar naval Nicolas Infante Jiménez. Ver microbiografía en nota a pie de página n.º 25 (Fuentes: Correspondencia electrónica con Nicole Comte, nuera de Puri Torres, entre el 15/11/2016 y el 23/05/2024. 

[33] Manuela Beceiro Fereiro, nacida en Ferrol en 1910. Casada con el suboficial de Artillería José Mosquera Lorenzo, tenía dos hijos. Cuando acabó la guerra, ella tenía 27 años. (Correos electrónicos de su nieta Verónica Salido Mosquera el 31/01/2024 y 02/02/2024.)

[34] Carmen Martínez Moreno, nació en La Aljorra, Cartagena, en 1914.  Casada en 1938 con el marinero cocinero José Rosique Solana. Tenía 22 años cuando acabó la guerra. Se reunió con su marido 8 años después en Londres ya que su marido se había enrolado en el ejército inglés durante la 2ª Guerra Mundial. (Correos electrónicos con su hija Mary Rosique Martínez desde el 07/07/ 2009 hasta el 18/05/201921).

[35] Micaela Vila Segura, nacida en Cartagena en 1924. Casada en el barco Libertad por su comandante con el marinero Onofre Varela Álvarez durante la guerra. Tenía un niño de meses cuando su marido se fue al exilio. Nunca se pudo reunir con él ya que falleció en México. Después de estar un tiempo de Asturias volvió a Cartagena donde trabajó en el servicio doméstico. Falleció en Cartagena (Conversaciones telefónicas y correos postales y electrónicos con su hijo, Manuel Varela Vila y su nieta María Ángeles Varela Soto del 10/10/2010, 25/10/2010,14/08/2013,01/04/2019;

blog http://leyendaehistoria.blogspot.com/2010_09_01_archive.html .

[37] Josefina Martínez Cinza, nació el 8 de agosto de 1912 en Santa María de Neda, La Coruña. Se casó en Fene en 1936 con el suboficial de artillería David Fernández Dopico. Tenía, cuando acabó la guerra, 27 años y una niña. Fue posiblemente sospechosa de militar en el PCE como su marido. Como veremos pasó la frontera clandestinamente con su hija Amalia y se reunió con su marido en Orán. Falleció en Francia en 1983 (Fuentes: Correo electrónico de su hija Amalia Fernández Martínez el 14/05/2019 y de su hijo David Fernández Martínez el 06/03/2007, 29/12/2018 y 14/11/2024 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).

[38] Amèlia Jover, nacida en Cullera en 1910, fue mecanógrafa en el Ayuntamiento de Valencia, formaba parte de un grupo naturista de la FAI, creó la sección femenina del sindicato de gastronomía de la CNT y fue delegada de las Juventudes libertarias de Levante. Se casó con el suboficial naval Antonio Zaragozá. No pudo embarcar en el Stanbrook. Encerrada en la plaza de toros de Alicante, fue reconocida y llevada a Valencia para ser juzgada. Encerrada en el convento de Santa Clara fue llevada al hospital para dar a luz, consiguiendo huir con su hija antes del juicio. Amèlia Jover; Una dona lliure i rebel, Editorial ACIO; Diccionari biografic de dones:

https://web.archive.org/web/20151004180653/http://www.dbd.cat/fitxa_biografies.php?id=835 ).

[39] Elvira Casado Martínez nacida en Alicante el 19/05/1903, se casó el 30/04/1928 en Cartagena con el fogonero Fulgencio Jover Fernández. Tuvieron 3 hijos. Pasó por las cárceles de San Antón de Cartagena, de Murcia, de Gerona, Tarragona y Málaga. Toda la familia se pudo reunir en Casablanca en 1957. Falleció el 4 de agosto de 1992 en Cartagena. (Entrevista telefónica y varios correos electrónicos con su nieto Manuel Ramírez Jover desde el 20/01/2014, hasta el 28 /02 2019; ES.30030.AHP/117. PRISIONES,49727/53 / Expediente personal de la reclusa Elvira Casado Martínez; Archivo General Militar de Guadalajara. Penas de muerte conmutadas. Expediente 2943 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html). 

[40] Fuentes: Correspondencia electrónica con la historiadora Francisca Riera Escandell 05/09/2017 y RIERA ESCANDELL, Francisca. (2017). “Memòries d’Eivissa en guerra (IV) : els germans del cas Avencs”. Eivissa, 62, 31-36, https://raco.cat/index.php/Eivissa/article/view/365622.

[41] Hemos trabajado sobre un corpus de 74 mujeres que se reunieron o intentaron reunirse con sus maridos de las que hemos tenido información a través de Fondos de archivos, fuentes hemerográficas, memorias, correspondencia y entrevistas con las mujeres o sus descendientes que indicaremos en cada caso.

[42] Nos consta que, en algunos casos marcharon juntas como mucho dos mujeres, con sus hijos, para hacer un viaje más llevadero y seguro. Fue el caso, por ejemplo, de Emilia Martínez, mujer del teniente de navío (ENP) José Invernón Martínez que marchó a Túnez con María Evarista López, mujer del auxiliar de artillería Román Jiménez, con una hija cada una (entrevista con su hija María José Román Evarista, 16 de agosto 2006). 

[43] En el Centre del Archives diplomatiques de Nantes constan 8 casos en que los refugiados solicitan la reunión con sus mujeres en Túnez, desde 1940. Estas solicitudes de reagrupación familiar fueron todas aprobadas por las autoridades francesas, en cambio creemos que no se produjeron en esos momentos al haber empezado la II Guerra Mundial (CADN 2MI-564. fol.157; CADN 2MI-564. fol.110; CADN 2MI-564. fol.120 y 2MI-564. fol.138; CADN 2MI-564. fol.119; CADN 2MI-564. fol.140; CADN 2MI-564. fol.10.; CADN 2MI-564. fol.109; CADN 2MI-564. fol.127).

[44] Josefina Valverde Belmonte nació en la pedanía de Murcia de Santiago y Zaraíche en 1918, se casó con Alfredo Martí Vallès en Cartagena en 1935 y tuvo a su primer hijo en 1937. Se tuvo que ir a Murcia para trabajar, Alfredo Martí no tenía medio de conocer su nueva dirección y, además, participó en la II Guerra Mundial con las tropas inglesas y tuvo prohibido comunicarse con su familia durante 2 años por seguridad (Fuente: entrevista con Josefina Valverde el 31 de enero de 2006 y correo electrónico con su hija Cecilia Martí Valverde el 21/02/2025 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).

[45] La política de colonización agraria y asentamiento en zonas despobladas de México formaban parte de un proyecto personal de Lázaro Cárdenas para los republicanos acogidos. Realmente no se cumplió, pero algunos grupos fueron enviados, nada más desembarcar, a esas zonas. La colonia San Cristóbal de las Casas en Chiapas, formaba parte del proyecto. Los refugiados españoles fueron muy mal recibidos por la población y el trabajo que se les ofreció era de peones pagados a treinta centavos trabajando de sol a sol, lo que sólo permitía vivir en las condiciones de miseria en la que vivía el campesino mexicano (PLA, 1999).

[46] Fuentes: Correo electrónico de su nieta Verónica Salido Mosquera del 31 ene 2024. Ver microbiografía de Manuela Beceiro en nota a pie de página n.º33.

[47] Consuelo Fontán, nacida en Gijón tenía 2 hijas. Su marido, José Daniel (Pepín) Álvarez Rubiera marchó a la URSS al terminar la guerra, trabajando como marino mercante hasta que en 1947 fue mandado al Gulag del que pudo salir en 1956. Consiguió irse a La Habana donde adquirió la ciudadanía cubana, lo que le permitió volver a ver a su familia y reunirse los cuatro en 1962 en La Habana (LLANOS, 2002; Correos electrónicos con su sobrino Javier Olmos del 8 y 9 de mayo de 2023)

[48] Ver microbiogafía de Elvira Casado en nota al pie de página n.º 39. (Fuentes: Entrevista telefónica y correos electrónicos con su nieto Manuel Ramírez Jover desde el 20/01/2014 hasta el 28 /02 2019).

[49] Los militantes del PCE lo tenían prohibido.

[50] Isabel Navarro Giménez había nacido en Cartagena en 1921. Era la compañera del capitán maquinista Marcelino Llano Cotrofe. Cuando su compañero salió la flota ella tenía 18 años y estaba embarazada. Se fue a Ferrol a buscar la ayuda de sus suegros, que se la brindaron y se casó por poderes, pero finalmente no pudo ni siquiera emprender el viaje de reencuentro por el fallecimiento prematuro de Marcelino Llano. (https://www.eldiario.es/cultura/exilio-olvidado_1_1665927.html).

[51] María Vidal Araujo, nació en Vigo el 19 de octubre de 1918. Nieta e hija de represaliados socialistas, obtener un pasaporte para marchar de España era muy difícil. En Chile tuvieron 2 hijos. Sus padres y abuelos se refugiaron también en Chile en 1949. Isabel falleció en Santiago de Chile el 12/10/ 2003. (Correos electrónicos con su hija Mary Luz García Vidal el 10/09/2021 y el 15/11/2024).

[52] Victoria García Izquierdo había nacido en Torquemada, Palencia, en 1915 pero vivía en Barcelona. Allí conoció a su novio el radiotelegrafista Rafael Torres Toimil. Separados por el exilio de Rafael, durante años se cartearon. Por precaución Rafael Torres firmaba siempre como “Rafaela”.  (Correos electrónicos con su nieta Vickie G. Jaén Torres el 02/06/2015, el 19/09/2023 y el 30/3/2024).

[53] Dolores Molines Bañón era de Torrevieja, Alicante, y aún casada ya por poderes tuvo que esperar 6 meses para poder ir a Túnez. (Correo electrónico con su sobrino, François Molines el 24/06/2021).

[54] El suboficial de artillería José Mosqueira, exiliado en México, le mandaba a su mujer dinero «pero a veces no llegaba y tenía que ingeniar cosas para ocultarlo en las cartas». (Correos electrónicos del 31 ene 2024 con su nieta Verónica Salido Mosquera).

[55] Testimonio de María Luisa González Collado, hija de Manuela Collado López y del maestro zapatero del crucero Libertad José González López exiliado en Túnez (Cartas manuscritas del 07/02/2007, 06/03/2007, 02/03/2007y el 02/05/2012).

[56] Antonia Rivas Carrique, mujer del teniente de navío Bonifacio Caparrós, había nacido en Cartagena en 1914. Tenía 1 hijo. Se reunió con su marido en Túnez en 1950 y se quedó viuda en 1954 con 4 hijo. (Fuentes: Correos electrónicos de su nieta Alicia González Caparros desde el 30 de mayo de 2019 hasta el 16 de abril de 2021 y particularmente su trabajo “Recuerdos de Mujer.  Una mirada a la construcción de género durante la España franquista”, dentro de un Máster en Género e Igualdad en la Universidad de Murcia.

[57] Ana María Rico Méndez nació en Mazarrón, Murcia, el 03/01/1912. Se casó el 07/07/1934 en Mazarrón con el fogonero preferente Antonio Méndez Pérez y tuvieron 3 hijos. Cuando su marido marchó al exilio ella se puso a coser y se fue a vivir a casa de su madre que quedó pronto viuda ya que el padre, funcionario del Ayuntamiento fue depurado, sufrió prisión y murió en 1941 de tuberculosis. El matrimonio se reunió en 1952 en Marsella, Francia, tras 13 años de separación. Tuvieron una cuarta hija, Angelita. Ana María Rico falleció en Marsella el 25/5/1994 y fue enterrada en Mazarrón (Entrevista telefónica el 20/01/ 2025 con Angelita Méndez Rico hija menor de Ana María Rico Méndez; Web Alumbra Alumbre y particularmente Paqui Ureña y Jesús Solá que nos han facilitado información valiosa sobre el caso).

[58] Fue el caso de Pepita Martínez Cinza que estuvo en una casa amiga en Barcelona hasta encontrar un guía para pasar la frontera con Francia. Ver microbiografía en nota de pie de página n.º 37 (Testimonio de su hija, Amalia, que la acompañaba. Correo electrónico el 14/05/2019); Encarna González Martínez, mujer del cabo fogonero Baltasar Sánchez Huertas,  fue acogida varios meses en una casa “que eran de los nuestros” en Marsella hasta poder reunir el dinero cosiendo para irse a Orán, donde estaba su marido (correo electrónico 15/01/2014 de su hijo Robert Sánchez);  Milagros Alcantud Pérez, mujer de Santiago López Jiménez, jefe de los Servicios de Máquinas del Estado Mayor de la Marina, fue acogida por una familia en Banyuls-sur-Mer, donde cuidaron la pulmonía que tuvo Milagros como consecuencia de las condiciones en que pasaron la frontera (Memorica México AEMFRA LEG. 368. EXP. 1)

[59] Fuentes: Conversaciones telefónicas y cartas con su hija, María Luisa González Collado 07/02/2007, 06/03/2007.

[60] Nati del Cerro Pérez nació en Cartagena en 1909. Se había casado en 1933 con el teniente de navío (ENP) Diego Ros Andreu y tenían dos hijos. Cuando se quedó sola vendió la casa y el coche y se fue a vivir a una casa de alquiler con sus padres. (Correo electrónico de su nieta Luisa Torregrosa, del 12/05/2024, 16/06/2024 y del 24/06/2024.)

[61] María Evaristo López, nacida en Cartagena y casada con el auxiliar de Artillería Juan Román Jiménez (Fuentes: Entrevista con su hija, María José Román Evaristo el 25 de agosto de 2006 y https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html).

[62] Correspondencia electrónica con Nicole Comte, nuera de Purificación Torres, el 15 de noviembre de 2016 y el 23 de mayo de 2024.

[63] Fuentes: Entrevista telefónica y correos electrónicos con su hijo Dominique Aledo Ros desde el 13/04/2021 hasta el 01/02/ 2025.

[64] Fuentes: Correo electrónico con su hija Mary Rosique Martínez el 21/01/2014.

[65] Como lo hizo Rosenda Ballester Pedreño, mujer del buzo Enrique Delmás Blasco (Fuentes: Correo electrónico de su nieta Carmen Maciel el 3 noviembre de 2015).

[66] Como ya hemos visto en el caso de Pepita Martínez Cinza. Microbiografía pie de página n.º 37. (Fuentes: Correo electrónico de su hija Amalia Fernández Martínez del 14/05/2019 y de su hijo David Fernández Martínez el 06/03/2007, 29/12/2018 y 14/11/2024)

[67] Fuentes: Conversación con Victoria Díaz Alcázar en agosto 2005 y enero 2007 y  https://exiliomarinosrepublicanos.blogspot.com/2019/01/ellas.html

[68] Como Adela Andrade Formoso, mujer de del auxiliar de artillería Antonio Lacaba Gómez, en 1949 (Fuentes: Pazos Pazos, 2008) y Manuela Beceiro, mujer del suboficial de artillería José Mosqueira en 1957 (Correo electrónico de su nieta Verónica Salido Mosquera del 31 ene 2024)

[69] Como Victoria García Izquierdo, mujer del suboficial radiotelegrafista Rafael Torres Toimil (Fuentes: correos electrónicos de su nieta Vickie G. Jaén Torres del 02/06/2015, 13/9/23, 30/03/2024).

[70] Mercedes Hernández Cardona, nacida en Mahón en 1915 y casada con el radiotelegrafista José Anca Hermida. (Fuentes: AGA, RIEM,015,113; FamilySearch, “New York Passenger and Crew Lists, 1909, 1925-1957".

[71] Como María Dolores Álvarez Martínez, nacida Cartagena en 1905, mujer del Capitán de Artillería de Costa Carlos Mira Mula; Adela Andrade Formoso, nacida en Pontevedra, en 1914, mujer del auxiliar de artillería Antonio Lacaba Gómez; Manuela Becerreira Freira, nacida en Ferrol en 1910, mujer del suboficial de artillería José Mosquera; Victoria García Izquierdo, nacida en Torquemada en 1915 mujer del radiotelegrafista Rafael Torres Toimil; Elisa Uriguen Goronaeta, nacida en Santiago de Chile en 1914, mujer del capitán de corbeta RN Mariano Manresa Pallares.

[72] María Vidal Araujo, nacida en Vigo en 1918, mujer del marinero oficinista Faustino García Puga y fallecida en Chile 2003 (Fuentes: correos electrónicos de su hija Mary Luz García el 13/07/2019 y el 15/11/ 2024).

[73] Jacinta Rodríguez Gutiérrez, nacida en Valladolid en 1905, mujer del teniente de navío de la RN Francisco Elortegui Gambe (Blog Jazoera Comunidad Vasco Venezolana, http://jazoera.blogspot.com.es)

[74] Fuentes: Entrevista telefónica y correos electrónicos con su bisnieto David Giacobbi desde el 09/04/16 al 25/02/2024).

[75] Josefa Segura Jiménez, nacida en Cartagena en 1914. Se casó con el suboficial de artillería Gonzalo Díaz Reinante en 1936. Tenían un hijo. Hizo el viaje de reencuentro con la familia en 1947. Falleció el 13/06/1973 en Paris (Fuentes; Family Search, censos de Cartagena; correos electrónicos con su nieta Lolita Díaz; Lista de refugiados en Túnez, inédita, de Manuel Pedreiro Pita).

[76] Araceli Cadenas Soriano, mujer del maquinista Luis Molinuevo Mendieta, se fue a Túnez con su hija y su suegra (CADM 2MI-564, fol.94 y 2MI-564, fol. 292). Elísa Uriguen Goronaeta mujer de Mariano Manresa Pallares, capitán de corbeta RN, se fue a México con sus dos hijos, su hermana, Esperanza y su hermanastra Amparo Serrano (Family Search Passenger and Crew Lists of Vessels Arriving at New York, 1897-1957).

[77] Manuela Collado López, nacida en Ferrol en 1905 y casada con el maestro zapatero del crucero Libertad José González López. (Fuentes: Conversaciones telefónicas y cartas de su hija, María Luisa González Collado 07/02/2007, 06/03/2007.

[78] Encarnación González Martínez ver microbiografía en nota a pie de página n.º29 (Entrevista telefónica el 20/08/ 2012 y correo electrónico de su hijo Robert Sánchez González del 15/01/2014).

[79] Sobre Nati del Cerro ver microbiografía en nota de pie de página n.º60. También Catalina Moreno, con 2 hijos y mujer del metalúrgico Manuel Egea Rufino, estaba ya en Túnez cuando su marido falleció en 1942. (CADN 2MI-564. fol.380). 

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