lunes, 20 de febrero de 2017

El campo de concentración de Meheri Zebbeus (1)



El 7 de marzo de 1939, hacia las 8h de la mañana, 4.093 marinos, civiles, guardias de asalto y algunos carabineros llegaron a bordo de la flota republicana ante el puerto de Bizerta.

A partir del 12 de marzo, desembarcaron por tandas a los refugiados. Desde los muelles hasta el tren que debía llevarlos hasta Maknassy, un cordón de soldados senegaleses, gendarmes y pelotones de la Garde Republicaine Mobile los controlaban. En la estación de Ferryville fueron encerrados en vagones para el transporte de animales. Así pasaban un día con su noche, sin agua, sin mantas, teniendo que hacer sus necesidades en los mismos vagones ya que no había paradas. Los mandaron a 400 kms de Bizerta, al pueblo de Maknassy desde donde tuvieron que recorrer a pie los ocho últimos kilómetros hasta su destino final: Meheri Zebbeus.


El campo de concentración de Meheri Zebbeus era un conjunto de construcciones de mampostería rodeado de alambradas, vigilado por policía rural tunecina y unos 120 guardias móviles. Había sido una especie de poblado construido en torno a una antigua mina de fosfato de cal a orillas del desierto. A un lado había casas rodeadas por unos cuantos eucaliptos pequeños y polvorientos. En medio de una explanada, una iglesia que hará las funciones de enfermería. Una vaguada cruzaba el campamento y, al otro lado, sobre un repecho, hileras de casitas, más modestas, que habían sido el alojamiento de los mineros. Las salidas y entradas por la única puerta abierta en la alambrada estaban muy controladas, aunque en realidad no había a dónde ir en medio de un erial. Fuera del campo montaban guardia armada los spahis y los guardias móviles  día y noche.

Meheri Zebbeus actualmente.(https://www.facebook.com/Mahari-Jabbas-530960197033308/)

Según las autoridades francesas las instalaciones gozaban de agua y electricidad. En realidad, las instalaciones de agua estaban cerradas e inutilizadas. No había luz eléctrica, no había y letrinas para 4000 personas.  Fueron “alojados en casas que están a punto de caerse, sin puertas ni ventanas”. Dentro, no había nada, ni un solo mueble. Para dormir, unas pacas de paja que cambiaban una vez al mes. Se amontonaban de 12 a 20 hombres por cuarto.

Los propios marinos tuvieron que arreglar la instalación eléctrica, cavar zanjas para las letrinas, reparar los motores y bombas de un pozo que había a unos cuantos kilómetros del campo para obtener un poco de agua para beber. Para lavarse, de momento, nada.
Según les dijeron las autoridades francesas, cada marino tenía derecho a la ración de un militar francés, pero no era cierto. Sabemos, por los archivos, que les fueron asignados 4 francos por hombre y día, lo cual era insuficiente para hombres que estaban haciendo trabajos pesados de reparación, acondicionamiento, carpintería, etc. En realidad,  según los recuerdos de los marinos, la comida era escasísima y mala: fundamentalmente agua caliente con habichuelas o garbanzos negros, incomestibles, y algún hueso de camello. El pan tenía yeso y plomo para que pesara más. Esto ocasionaba problemas de salud y los médicos españoles denunciaron formalmente esta situación. Se pasaba hambre.

No se les proporcionó nada, ni mantas, ni platos, ni cubiertos, ni jabón, ni cuchillas de afeitar. Nada. Como no todos habían traído cuchara y plato del barco, al principio, tenían que esperar a que unos comieran para que les pasasen los artilugios.
Desde la primera noche aparecieron los piojos que ya no los abandonaron hasta la liberación. Las moscas eran una plaga. Jamás habían visto tantas, ni tan tenaces. Con el tiempo, los marinos aprendieron a cazar camaleones y a tenerlos de animales de compañía y cazamoscas. Además, el campo estaba infestado de tarántulas, escorpiones y culebras. Más de uno fue llevado a la enfermería para inyectarle un antídoto contra el veneno. También tuvieron que convivir «con una compañía de ratas» que, al parecer, alguno consiguió amaestrar.

El marinero mallorquín Antonio Pont Cladera tenía 20 años y  escribió a sus tíos en Argentina contándoles lo que vivía: «todo para mí se ha vuelto un mar de tormentos y agudos martirios, es tal el hambre que paso, calor, mal dormir, preocupaciones, que hay momentos que no sé lo que me digo. Tío,  (…)  nunca creí llegar al extremo este, estoy convencido que ya no existe humanidad, nosotros que hemos luchado por una causa justa y noble y después de millones de traiciones por las naciones que dicen llamarse demócratas nos llevaron al caos de perder la guerra, y no conformes con esto (…) nos mandan a un campo de concentración a que terminemos de morirnos de asco y desprecio».



Fuentes: Centre des Archives diplomatiques de Nantes (CADN). Fonds de la résidence française en Tunisie. 1º versement. Articles 2186-2187.
Testimonios de los marinos Daniel Díaz Roldán, Alfredo Martí Vallès,  Felipe Noguerol Otero, Manuel Pedreiro Pita, Antonio Pont Cladera.
Bibliografía: ALEYA SGHAIER,  Amira-, “Les réfugiés espagnols républicains en Tunisie en 1939” in Le mouvement social n°181, 4/1997, p. 31-52 ; FERNÁNDEZ DÍAZ Victoria, El Exilio de los marinos republicanos, Valencia: Universitat de València, 2009; GAFSI, Abdelhakîm, “La situación de los refugiados españoles en Túnez entre el 4 de febrero de 1939 y el 18 de julio de 1940, según unos documentos de archivos del Gobierno tunecino” in Almenara, vol. 10, Madrid 1976-1977, p. 94 y ss; GAFSI, Abdelhakîm, «De Cartagena a Bizerta. Prolongaciones tunecinas de la Guerra Civil española (1936-1939)» in Anales de Historia Contemporánea nº 2, Murcia, 1983, pp. 251-261; SANTIAGO Lucio y otros, Internamiento y resistencia de los Republicanos españoles en África del Norte durante la segunda guerra Mundial, Sant Cugat del Vallès (Barcelona): autoedición, 1981; YAZIDI, Bechir, El exilio republicano en Túnez, Ferrol: Editorial Embora, 2008.

martes, 24 de enero de 2017

Ramón PRADOS PITA, morir en Oran

Francisco Prados Pita (Archivo familiar Prados Pita)


Ramón PRADOS PITA nació en La Graña, municipio de Ferrol, con el siglo, el 23 de mayo de 1900. Su padre era fogonero de la Armada y a los 15 años Ramón ingresó en la Escuela de Aprendices marineros. Con 21 años era cabo y en marzo de 1923, tras examen, fue ascendido a Maestre de Marinería.

Participó en la guerra del Riff, en particular en el desembarco de Alhucemas y recibió, junto a la tripulación del buque Giralda, la Medalla militar de Marruecos con pasadores de Melilla y Tetuán.

Ramón fue labrándose su carrera sin descanso. En 1925 fue ascendido a 2º Contramaestre y al año siguiente, después de un curso en la Escuela de Submarinos, fue declarado apto para submarinos. Estuvo embarcado en numerosos buques: el crucero Cataluña, los acorazados Alfonso XIII y Jaime I,  el submarino B-3, el crucero Blas de Lezo con el que fue a Shangai. Estuvo destinado a Ferrol, a Mahón, a Cartagena. En abril de 1931 fue ascendido a 1ª Auxiliar Naval. Era, además, un hombre apreciado y respetado.

En julio de 1936 se encontraba a bordo del crucero Méndez Núñez, en aguas de Fernando Poo, manteniéndose fiel a la República  en el momento de la toma del barco por la tripulación ante la sublevación de los oficiales. Durante la guerra estuvo destinado al destructor Jorge Juan y al crucero Libertad. En octubre de 1937 fue promovido al empleo de  oficial 2º, equiparado a teniente del Cuerpo de Auxiliares Navales. Participó, a bordo del Libertad, en el  combate naval de Cabo Palos en que fue hundido el buque rebelde Baleares.


Ramón Prados fue también un hombre inquieto en cuanto a sus compromisos ideológicos.  En 1937 se inició en la Masonería en Cartagena en la logia Atlántida nº5 con el símbolo “Gori”. Fue exaltado al grado segundo en 1937 y elevado al grado 3º en enero de 1938. La masonería fue introducida en la Armada por el teniente de navío, diputado en Cortes y republicano Ángel Rizo Bayona en 1929. Bajo su impulso nació en Cartagena la logia flotante Atlántida nº5, un “taller” compuesto exclusivamente por marinos. No tenía sede propia puesto que las “tenidas”, las reuniones, se debían celebrar en el mar. En tierra, utilizaban el “templo”, la sede, de la logia Aurora que también utilizaba la logia Tolstoi, situado en la calle Zambazar, 7, 2ª.  En la Armada la masonería se propagó sobre todo entre los cuerpos auxiliares y sus miembros jugaron un papel fundamental en defensa de la República en el momento en los oficiales se sublevaron contra el gobierno republicano en los buques, en julio de 1936.
Fue también militante del PCE durante la guerra y miembro de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.

Al final de la guerra salió de España en un buque auxiliar hacia Orán. Allí, sabemos que estuvo en el campo de concentración de Relizane, en la región de Mostaganem. Este campo se abrió en julio de 1939 para trasladar lejos de lugares habitados a los refugiados que llegaron a Oran. En el campo de Relizane, igual que en los de Camp Morand o Suzzoni, las condiciones de vida eran lamentables. Cuando empezó la guerra europea, los españoles fueron encuadrados en Compañías de Trabajadores Extranjeros y mandados a hacer carreteras, a trabajar en las minas o en la construcción del Transahariano en pleno desierto en condiciones infrahumanas. Desconocemos su recorrido exacto en esos tiempos, pero suponemos que siguió las vicisitudes de sus compañeros.



Ramón Pardos es, además, un ejemplo de cómo el exilio  no sólo desarraiga  la vida del exiliado sino que puede llegar a destrozar la de toda su familia. Los cinco hijos de Ramón quedaron en Cartagena y quedaron ingresados en la Casa de la Misericordia de esta ciudad en la época más dura de la posguerra. Tenían 13, 12, 10, 7 y 6 años. Jamás volvieron a ver a su padre.

En Argelia, Ramón Prados reconstruyó su vida pero falleció, aún joven, en 1954. Fue enterrado  en Oran, en el cementerio de Tamashouet en el cuadrado 76, linea 6, tumba 7.


Fuentes:
Foto e Información aportada por su nieto Francisco Prados Picazo; Información de la Fundación Pablo Iglesias; ANC, expediente SIP, 6950; CDMH, TERMC, Fichero, 70,2220725; Hemeroteca de Cartagena; Biblioteca virtual de Defensa;  Ayala, José Antonio, Masonería en la región de Murcia, Murcia: Ed. Mediterráneo, 1986, p. 439,  

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Pedro Prado Mendizábal, de la URSS a Cuba.




Pedro Prado Mendizábal fue un oficial del Cuerpo General comprometido con el gobierno de la República desde el primer día y que defendió la legalidad gubernamental hasta el último momento. Además, tuvo un exilio largo y azaroso.

Pedro Prado había nacido en Lugo en 1902. Ingresó en la Escuela Naval de San Fernando con 17 años y en septiembre de 1922, con 20 años, fue promovido alférez de navío e integró la División de instrucción de submarinos y la Escuela de Radiotelegrafistas.

Participó en la guerra de Marruecos a bordo del Almirante Lobo, Cíclope y el Alfonso XIII. Le fueron otorgadas durante la campaña la Cruz Roja al Mérito Naval y la Cruz Blanca al Mérito Militar.

Ya como teniente de navío fue destinado a la comisión de inspección y estuvo embarcado en el submarino C-4. Al proclamarse la II República, formó parte del equipo del Ministerio de Marina, como ayudante personal de Casares Quiroga, luego con José Giral y posteriormente con Lluís Companys. En octubre de 1933 volvió a los submarinos embarcando como 2º comandante  en el C-4. Pero en abril de 1936, con el triunfo del Frente Popular, José Giral, que se rodeó de marinos de su confianza, lo nombró en la secretaría técnica junto a Fernando Navarro Capdevila.

Días antes de la sublevación militar, en julio de 1936, Pedro Prado fue mandado a Cartagena como hombre de confianza de Giral para evaluar la situación y propiciar ciertos reajustes. Cuando,  en la madrugada del 18 de julio, Benjamín Balboa oyó en Ciudad Lineal, el mensaje de Franco dando el pistoletazo de salida a la sublevación militar, a quien primero informó, saltándose la cadena de mando, fue a Pedro Prado Mendizábal.

Fue nombrado Jefe de Operaciones de la Flota y fue el artífice de la constitución de Málaga como Base Naval. En aquellos momentos tan tensos, con oficiales arrestados, la formación de los Comités y la desconfianza de las tripulaciones, Pedro Pardo sopesó con clarividencia la situación e intentó componer una solución. Junto con otros marinos defendió que la base de Málaga fuera cabeza de puente para ocupar Algeciras, impedir el traslado de tropas del ejército de África, “pero desde las autoridades republicanas siguieron sin escucharles (1)”.

En noviembre de 1936 fue nombrado comandante del crucero Méndez Núñez cuando éste regresó de Guinea. En 1937 fue ascendido a capitán de corbeta. Fue mandado a Francia para hacerse cargo de los submarinos C-3 y C-4 cuyos mandos habían desertado en Francia.

En abril de 1938 fue  nombrado Jefe del Estado Mayor Central de la Marina hasta enero de 1939. En febrero de 1939, perdida la guerra, cruzó la frontera junto a las tropas del general Modesto hacia Francia.

Estaba casado con la cartagenera Elisa Fernández Meroño y habían tenido tres hijos, Jorge, Alberto y Rosina. Los dos chicos estaban, en los momentos finales de la contienda, acogidos en la URSS. Pedro Pardo, que tenía simpatías comunistas, marchó a aquel país en mayo aunque consta su petición al SERE para poder emigrar a México.

 En la URSS, ingresó en la Escuela del Alto Estado Mayor del Ejército Rojo, obtuvo el grado de coronel del Ejército Rojo y el de capitán de la Marina de Guerra soviética. Fue profesor de Táctica y Arte Operativo en la Academia Militar Voroshilov. Combatió y sufrió en el largo  asedio de Leningrado. En tiempos de paz Prado volvió a la vida civil y trabajó como traductor del ruso y del español. Escribió un Diccionario politécnico español-ruso (2).  
A principios de la década de los 60 siguió su exilio en Cuba donde fue asesor de la Armada y dirigió la revista Información Técnica y Científica Naval.

Era un hombre sin prejuicios. Cuentan que fue el primero, y seguramente el único oficial que se atrevía a ir en bicicleta por Cartagena antes de la guerra. Era criticadísimo por sus compañeros del Cuerpo General que consideraban que semejante medio de locomoción carecía de la dignidad que su rango requería.

Aún pudo volver a España donde falleció en septiembre de 1985.

(1) Cerdera, L. M. (2015). Málaga: Base naval accidental. Sevilla: Punto Rojo Ediciones, p142, 143
(2) Prado Mendizábal, P., (1964). Diccionario politécnico español-ruso. Moscú: Editorial Soviétskaia Entsiklopedia.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Guillermo Campoy Zapata: exiliado, amnistiado y ejecutado.

Guillermo Campoy Zapata (archivo familiar)




Guillermo Campoy Zapata nació en Cartagena en 1913. Era el último de 8 hermanos. Su padre, José, era maquinista de la Armada y la familia vivía en la calle Santa Florentina. A los 20 años era alumno maquinista en prácticas y en 1935 fue ascendido a tercer maquinista.
El 17 de julio 1936  estaba embarcado en el Sánchez Barcáiztegui. Ese día, el destructor fue mandado, junto con los destructores Lepanto y Almirante Valdés,  a aguas del protectorado español de Marruecos con el fin de bloquear sus puertos. El comandante del buque, Fernando Bastarreche,  entró en Melilla para unirse a la rebelión, pero la tripulación forzó la salida del puerto y detuvo a la oficialidad sublevada, salvo el alférez de navío Álvaro Calderón. Guillermo Campoy tomó parte activa en esta acción en defensa del gobierno legalmente constituido.

Durante la guerra Guillermo Campoy estuvo embarcado en el Jorge Juan y en el Ulloa. Fue ascendido a teniente maquinista en 1937 e ingresó en la Escuela Popular Naval.  En una carta escrita a su familia dice: “De la guerra no os cuento nada porque me pasa lo que a todo el mundo que tenga vergüenza, esto es: deseando que termine pero después de haber ganado” (1).

Pero no ganó. Tuvo que salir de Cartagena con la Flota a bordo del Cervantes el 5 de marzo de 1939. Llegó a Bizerta el día 7 y el 12 fue mandado al campo de concentración de Meheri Zebbeus. El día 30 de marzo las autoridades francesas hicieron leer públicamente un documento que había llegado en nombre del contralmirante franquista Salvador Moreno. Era un llamamiento para que volvieran a España, donde no tenían nada que temer los que no tuvieran «las manos manchadas de sangre». Se les otorgaba una amplia amnistía.

Guillermo Campoy no estaba implicado en ningún delito. No tenía nada que reprocharse ni que temer. Entre los compañeros había dudas pero Guillermo decidió volver. Al día siguiente marchaba de nuevo a Bizerta y embarcaba en el Marqués de Comillas rumbo a Cádiz. Todos los marinos que volvieron fueron internados en el campo de concentración de Rota donde debían pasar ante una Comisión Clasificadora que pedía informes al Ayuntamiento, a Falange y a la Guardia Civil de todos los lugares por donde había pasado el “encartado”. Además, siempre se pedía encarecidamente el informe del SIP (Servicio de Información del Personal). Éste actuaba un poco como la Inquisición: acusaba sin aportar pruebas, sus acusaciones eran pruebas suficientes.

El eficaz SIP de Cartagena mandó un telegrama el 10 de junio, apenas un mes después de su llegada a Cádiz, con el siguiente texto: “Estaba embarcado en el Sánchez Barcáiztegui cuya dotación se sublevó contra el mando tomando parte este maquinista en la detención de los oficiales PUNTO Gran elemento del Partido Comunista propagandista destacadísimo PUNTO Formó parte de los Comités PUNTO Sus servicios fueron voluntarios PUNTO Considerado indeseable PUNTO” (2). Hemos subrayado la aberración de que la “dotación se sublevó contra el mando”, ya harto conocida, pero que no deja de asombrar por la desfachatez: los rebeldes fueron los militares que se sumaron y apoyaron el golpe militar franquista y no al revés.

Las acusaciones del SIP pesaron sin duda lo suficiente como para que se le incoara un proceso que terminó en condena a muerte.

El 4 de noviembre de 1939 escribía a su hermana Carlota: “De mí no tengo nada que contarte”. Espera salir libre después del marido, también encarcelado, de su hermana, “porque de esta forma al salir no tendré que pensar más que en tratar de ser todo lo feliz posible. Tú ten paciencia que todo llegará…”(1).

Guillermo Campoy Zapata murió unos días después, entre el 7 y el 11 de noviembre de 1939 en el  penal de Cuatro Torres a los 26 años. La fecha no es del todo segura ya que ni siquiera fue inscrito su fallecimiento en el Registro Civil. Fue arrojado a una fosa común y a día de hoy su familia aún no sabe dónde está enterrado, como otras miles de familias. Ni siquiera es seguro que fuera fusilado, paseado o asesinado en el penal como parece demostrase unos años más tarde.

En 1956, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo le abre expediente “para proceder a la depuración comunista”(3).  Lo primero que hace el Tribunal es interesarse por su paradero. Pero tras varias indagatorias se le informa que “se tienen noticias de que fue condenado a muerte, no sabiendo con certeza si fue ejecutado o murió en la Prisión de Cádiz por el año 1940 aproximadamente” (3). En el SIP de Cartagena consta que se hizo entrega de sus pertenencias a su familia en junio de 1940, con lo cual piensan que está fallecido pero no hay prueba documental de ello.  Ante tal deficiencia documental, el Tribunal procede “al sobreseimiento provisional sin perjuicio de su continuación si en lo sucesivo hubiera méritos para ello” (3).  Sin comentario.

Foto: archivo familiar de su sobrino-nieto Salva Solano Salmerón 
1. Cartas publicadas por su sobrino-nieto Salva Solano Salmerón. http://www.votaycalla.com/cartas-preso-franquista-depurado/#.WCTLS_nhDIW
2. Archivo Naval Cartagena, expediente SIP nº 1058
3. ARMH, TERMC, número del tribunal 54.408; Sumario 386/56.