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Juan Alcaraz Saura (archivo familiar Alcaraz) |
Juan Alcaraz Saura nació en la
pedanía de La Aparecida, en el Campo de Cartagena, el cinco de enero de 1921. Cuando
empezó la guerra tenía 15 años, comenzó a asistir a los mítines de la CNT y en
1937 se afilió a este sindicato e incluso organizó un grupo de Juventudes
Libertarias, el Grupo Acracia, que, con la ayuda del maestro de escuela,
emprendió una campaña de alfabetización en el pueblo que tuvo gran éxito.
En 1939, recién cumplidos los 18
años, fue llamado a filas en Marina. Era de la quinta del biberón, la última llamada
antes de acabar la guerra. Como no tenían ropa para darle no se incorporó a su destino,
aunque tenía que presentarse todos los días en el Arsenal.
La madrugada del 5 de marzo, al oír
por Cartagena “Arriba España” y darse cuenta que la ciudad estaba tomada por la
quinta columna, Juan se reunió con sus camaradas de la CNT en el local del
Comité Comarcal, situado en una casa de Ciudad Jardín, y decidieron ir hasta
Capitanía para evaluar la situación. Eran unos treinta militantes y cuando
llegaron se corrió la voz de que la flota estaba saliendo del puerto. Sin
permisos ni papeles, en desbandada, se fueron todos al puerto y embarcaron en
el Cervantes que alcanzaron por medio de barquitas que los acercaron al
buque insignia que estaba en medio del puerto. Desde arriba los marineros les
tiraron escaleras de cuerdas y así salieron con rumbo desconocido (1).
En Túnez fue mandado, como todos, al
campo de concentración de Meheri Zebbeus hasta que, en septiembre 1939, cuando
empezó la Segunda Guerra Mundial, “hicieron una selección entre todos
nosotros, los buenos y los indeseables. A los buenos los fueron sacado del
campo para trabajar en dependencias militares francesas y, los otros, los
malos, nos llevaron a desierto de Gabès” (2). Estos indeseables eran los que
militaban en algún partido político, los que habían destacado durante la guerra,
aquellos que habían protestado por las condiciones de trabajo que les ofrecían
o los que se fugaban de los campos. Fueron aproximadamente 300 hombres que, sin
juicio, fueron condenados y mandados a un campo de castigo, encuadrados en un
temido batallón disciplinario africano, donde
hacían el servicio militar los condenados franceses por crímenes en la vida
civil.
Una de las pocas fotos que hay de los campos de trabajo del desierto de Gabès (Archivos familia Alcaraz Saura)
Les mandaron construir una vía de ferrocarril en el desierto. El trabajo consistía fundamentalmente en picar piedra y montar plataformas con esas piedras para colocar las vías encima, en condiciones infrahumanas con el agua racionada y bajo la vigilancia constante de guardianes armados.
El 22 de junio de 1940, tras la
derrota de Francia y la firma del armisticio con Alemania, cesaron las hostilidades
militares. Poco después, los españoles fueron
mandados en vagones para animales hasta la provincia de Constantina, en el
norte de Argelia, a Khenchela, una zona boscosa
donde sufrieron paludismo, mucho frío y hambre en invierno, ya que es una zona de nieves.
Sigue contando Juan: “De allí saltamos a las puertas de desierto, a un pueblo que tenía minas de carbón que se llamaba Kenadsa. Nos tuvimos que hacer nuestras barracas con adobes hechos con barro y paja para reservarnos del calor del día y del frío de la noche” (2).
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Uno de los vagones para ganado en el que fueron trasladados a Kenadsa. Juan Alcaraz es el primero por la derecha, con camisa blanca. |
En Kenadsa, los pusieron a la entera
disposición de las Sociedad Minera “Houillères de Kednasa” y fue motivo de otro
enfrentamiento ya que se negaron a bajar a las minas. Finalmente lo hicieron
algunos voluntarios cobrando un salario. Los demás trabajaron en otros puestos
menos duros o arriesgados. Juan
trabajaba en el restaurante dedicado a los trabajadores y “los primeros
céntimos que cobré fueron para comprar algo de ropa” (2).
Un día, un vigilante civil, que también los había, quiso que le limpiaran su habitación. Juan se negó, por dignidad. Fue castigado a una semana de tombeau, “una especie de agujero en la tierra en el que sólo se podía estar sentado y donde te daban de comer una vez al día, un trozo de pan seco y un poco de agua” (4).
Como no les pareció suficiente a las autoridades francesas, fue mandado al campo de castigo oficial de los campos de trabajo, Hadjerat M’Guil, el llamado “campo de la muerte”, donde se ejercía la tortura de manera habitual y donde fueron asesinados cinco españoles, entre ellos tres marinos.
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La vieja estación de tren de Hadjerat M'Guil (Archivo José Marí Cholví) |
Juan Alcaraz estuvo “solo”
tres meses, “sufríamos con dignidad las humillaciones” y recordaba haber
llegado con las manos ensangrentadas del suplicio de subir el agua hasta el
campamento, con las fuerzas al límite, llorando de rabia, bajo los golpes,
bastonazos y estacazos de los escoltas. “Gracias a mi juventud y mis deseos
de vivir y de volver a ver a mi familia, pude salir de aquel infierno. Jamás
hubiera creído lo que pude ver allí”, nos dice Juan en sus memorias.
Cuando lo sacaron de aquel campo y
volvió a “su” 7ª Compañía, en Kenadsa, sus compañeros lo recibieron con los
brazos abiertos y deseosos de saber lo que pasaba allí. No sólo estaban
aislados del mundo, también entre sí.
Tras el desembarco de los aliados en
el Norte de África y la paulatina liberación de los refugiados de los campos,
Juan Alcaraz decidió quedarse en Oran.
Funcionaron las cadenas de solidaridad y ayuda entre refugiados.
Encontró trabajo, amigos, novia, se casó con 25 años y tuvo tres hijos: “viví
feliz en esta ciudad con mi familia”.
Pero a los exiliados en el norte de
África aún les quedaba otro destierro, otro volver a empezar. La guerra de
Argelia les obligó a exiliarse de nuevo, esta vez a Francia. Juan y su familia
marcharon a Avignon donde tenían familia y pudo rehacer su vida.
Por fin, “cuando en España terminó
lo que me impedía venir por permanecer fiel a mis ideales, no dudé en regresar
a mi tierra y volver a ver a mi madre y a mis hermanos”.
En 2009, en Cartagena, tuve el privilegio de conocer a Juan Alcaraz Saura, hombre entrañable, al que pude abrazar después de mucho cartearnos.
Victoria
Fernández Díaz
NOTAS
1. Carta a Victoria Fernández Díaz del 22 de marzo de 207
2.
Carta a Victoria Fernández Díaz del 7 febrero de
2007
3.
Memorias de Juan Alcaraz Saura. Este
grupo que menciona Juan Alcaraz que fue mandado a la cárcel de Khenchela,
fueron posteriormente juzgados y mandados a la cárcel de Lambèse y a Maison
Carée.
4.
Memorias
de Juan Alcaraz Saura.