jueves, 1 de junio de 2017

Tomás MARTÍN PASCUAL

Tomás Martín Pascual en 1935. Foto del archivo familiar  de Tomás Martín 

“Tomás empezó a los catorce años a trabajar en ferrocarriles, en trenes de cercanías de Madrid, llevando paralelamente estudios en academias de noche”. Así empieza Carmen Torres, compañera de Tomás Martín Pascual, su biografía (1).

Con tesón, preparó oposiciones para entrar en la Marina  y en 1935, obtuvo el puesto de auxiliar 2º del Cuerpo de Auxiliares de Oficinas y Archivos de la Armada. Con 22 años vestía el uniforme de suboficial de Marina.

Carmen precisa: “En el treinta y cinco no creo que tuviera ideas marcadas políticamente. Se divertía con su panda de amigos, piropeaba a las chicas en ese Madrid castizo donde se vivía en una explosión de canciones, de creaciones artísticas y literarias que había hecho florecer la República en 1931”.

Pero, por esas fechas, contactó con la UMRA (la Unión de Militares Republicanos Antifascistas) y en julio de 1936 formó parte del núcleo de marinos que ocupó el Ministerio de Marina en Madrid, cuando los marinos franquistas intentaron secundar el golpe de estado. Tomás Martín participó en el asalto al Cuartel de la Montaña y como ayudante del Comandante Ristori subió al frente de Guadarrama, donde fue herido.

En agosto de 1936 embarcó en el Jaime I, luego en el Sánchez Barcáiztegui y en el Churruca. A bordo de este destructor participó el 6 de marzo de 1937 en el combate de Cabo Palos en el que fue hundido el buque insignia franquista Baleares. Habilitado comandante, miembro del Estado Mayor de la Armada, fue destinado a Barcelona en 1938 y en enero de 1939 marchó voluntario a una unidad de Infantería de Marina en Palamós. Junto con su unidad pasó la frontera en febrero de 1939.

“Como veis, en estos tres años de guerra de una actividad desbordante en los que siempre asumió puestos de responsabilidad, el joven bonito se ha convertido en verdadero jefe que organiza, da órdenes y que da toda su vida y entusiasmo en la lucha contra el fascismo”, dice Carmen.
 
Tomás Martín Pascual en Argelès en 1940

En Francia, fue internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Uno de los campos de arena y viento donde serán recluidos los exiliados, sin tiendas, sin agua potable, sin comida. Saldrá de ese campo para trabajar en una fábrica de tanques en departamento del Tarn. Con la caída del ejército francés y la firma del armisticio, en 1940,  Tomás fue de nuevo encerrado en Argelès.

Cuando las tropas alemanas cruzaron la línea de demarcación e invadieron el sur de Francia, Tomás comprendió que estaba en peligro, escapó y consiguió esconderse trabajando de minero en una mina de Saint-Etienne en la zona del Ródano-Alpes. En esta mina era el único español.

Carmen cuenta que fue “una de las etapas más difíciles que ha vivido, él que no había trabajado nunca manualmente. Allí no conoce a nadie. El pozo donde trabaja se encuentra a 1000 metros de profundidad. Le dan harapos como ropa y una botas donde le entra el agua por todas partes”.

Al cabo de 10 meses consiguió escapar de aquel infierno y llegó casi por casualidad a Carcassonne. Allí, un marino, compañero suyo y camarada comunista, José Luís Fernández Albert le proporcionó papeles falsos para “camuflarlo”. En la confección de esos papeles contribuyó el fotógrafo Agustí Centelles que había montado un laboratorio clandestino para confeccionar documentación falsa. Tomás se incorporó a la resistencia, donde le conocían como “el marino”.  Más tarde, gracias a su formación y a hablar francés, consiguieron que entrara a trabajar en las oficinas del Grupo de Trabajadores Extranjeros nº 442 donde los alemanes reclutaban la mano de obra para los trabajos de fortificación en el Muro del Atlántico o en Alemania. Su situación en las oficinas le permitió trabajar para la resistencia y ayudar a muchos a escapar de la Gestapo, mandándolos a trabajar de carboneros en el bosque.

Pero, el 20 de enero de 1944, al ir a entregar un paquete de “Combat”, órgano de la Resistencia, fue apresado junto a dos camaradas por los alemanes. Después de ser  salvajemente torturado durante 15 días por la Gestapo, lo mandaron desde Compiègne, a Mauthausen.

“Salen en un vagón de mercancías abarrotado de mujeres, niños judíos y resistentes. El viaje dura varios días sin comida y sin agua. Muriendo ya muchos en el trayecto. Los pobres niños al llegar al campo fueron separados de sus madres y llevados directamente a la cámara de gas. Esto marcó para siempre a Tomás”, dice Carmen.

En Mauthausen llega con la consigna “Nacht y Nebel” (Noche y Niebla), o sea ser exterminado rápidamente. De ese trance le salvará la organización clandestina que habían formado los españoles. Consiguieron mandarlo con un grupo al comando Loibl-Pass en Yugoslavia antes de que pasara por la cámara de gas. Un día, herido a consecuencia de un accidente, fue mandado de nuevo a Mauthausen. En la enfermería se declaró el tifus y quedaron totalmente aislados.

“Les echaban la comida a través de las alambradas y cuando se iban muriendo, los enfermos que aún tenían fuerzas, los arrastraban y los quemaban en un agujero con gasolina. Poco a poco se fueron contagiando unos tras otros. El único que resistió por haber tenido esa enfermedad de pequeño fue Tomás incumbiéndole vivir entre esa agonía y arrastrarlos y quemarlos hasta el último”, recuerda Carmen.

Cuando salió de aquel barracón de muertos, se incorporó al Grupo Internacional de Resistencia  que se había formado en Mauthausen. Temían que en el último momento las SS acabaran matándolos a todos, por eso prepararon una insurrección para, al menos, morir defendiéndose. Dentro de esa organización, Tomás Martín fue una pieza clave.  Era el responsable del asalto de la puerta principal y sus dos torres cuando se desencadenase el motín.

El 5 de mayo de 1945 Mauthausen fue liberado y 20 días más tarde Tomás Martín salió del campo con la Cruz Roja, como responsable de un grupo de 175 españoles enfermos y heridos. Pero en el momento de pasar la frontera con Francia, las autoridades no admitieron a los españoles. ¿Qué hacer con estos apátridas? ¿Dónde mandarlos? ¿Quién se iba a hacer cargo de ellos? Durante 10 días tendrán que esperar la orden que les dejase pasar.

Con el convoy de la Cruz Roja. Archivo familiar de Tomás Martín 

 “El problema de los españoles”, recuerda Carmen, “es que salieron del campo de Argelès u otros para reforzar la línea Maginot donde fueron hechos prisioneros e inmediatamente, por ser rojos españoles, mandados a Mauthausen, de tal forma que no conocían a nadie en Francia.  La tarea que Tomás va a emprender es buscarles puntos de acogida. Con el dinamismo que lo caracteriza les busca familias acogedoras y asociaciones humanitarias”.

Por su compromiso en la Resistencia y   en   el   campo   de   Mauthausen las autoridades  francesas le concedieron, en 1949,  la Cruz de Guerra con estrella de jaspe, una de las condecoraciones de más prestigio.  Ya le habían otorgado la Cruz de la Deportación, la Cruz de los Combatientes y la Cruz de la Resistencia.

Cuando salió del campo era aún un hombre joven, volvió a Carcassonne, donde tenía amigos, conoció a Carmen, se casaron, tuvieron dos hijos y la vida siguió, con dificultades enormes. Tomás Martín se suicidó con 59 años el 31 de marzo de 1972 en Carcassonne.


1. Carmen TORRES CHUECA, española exiliada con sus padres, fue agente de enlace de la 5ª Brigada de los guerrilleros españoles del departamento de l’Aude.

Fuentes:
Boletín de Información de L’Amicale des Anciens Guerrilleros Españols en France (FFI), nº64.
Boletín de l’Amicale de Mauthausen, nº  163, noviembre 1972
Conversación con Carmen Torres, 20/03/2008
Biografía de Tomás Martín escrita por Carmen Torres.
Pons Prades, Eduardo, Morir por la libertad: españoles en los campos de exterminio nazis, Madrid, Vosa, 1996, p.46.



miércoles, 26 de abril de 2017

Antonio SEGADO ARENAS, el marinero poeta


Antonio Segado Arenas nació en Cartagena el 16 de enero de 1910.  Era el mayor de cinco hermanos. Su padre, Antonio, jornalero, fue vocal de la Junta del Partido Republicano Radical Socialista Obrero del Barrio Peral en 1932. Con 14 años, Antonio iba al colegio y vivía con su familia en la calle Mayor de este barrio.

En 1932 Antonio era cabo de artillería y en 1937 fue promovido Auxiliar Alumno de Artillería.

Pero si por algo era conocido en la Flota era por sus dotes artísticas. Bruno Alonso, el Comisario de la Flota, dijo de él que “es como yo, un hijo de cuna humilde, un cabo de Artillería que además de mover el cañón en la flota republicana, tiene la cualidad de cantar en bellas estrofas, el ansia y el dolor del pueblo”.

El 27 de julio de 1936, el periódico Venceremos publica un poema de Antonio Segado que dedica “al niño Pepito Ramírez, vilmente asesinado en Madrid por la aviación fascista”. El poema se llama  “Y se convirtió en lucero...”:

Por un caminito
venía un lucero,
llenito de luz
con pasitos quedos. …

El 15 de mayo de 1937, La Armada publica un poema dedicado “A la memoria del gitano poeta Federico García Lorca”:
…
Cómo sufría Federico...
Ya lo llevan a la tapia
donde van a ejecutarlo
la ruin, la vil canalla.
…
Y ten presente que siempre
te tendrá España en su alma
y venganza le promete,
LA ESCUADRA REPUBLICANA

Al mes siguiente da una charla en el Hogar del Marino en Cartagena. En el periódico Cartagena Nueva, dan cuenta de ello:

“Antonio Segado gusta del verso emotivo. Y de la copla. Y del lamento hondo que vive, preso, entre las cuerdas de su guitarra. Antonio Segado es un artista. Como tal habló, ayer en el Hogar del Marino".

Con motivo de la muerte de Durruti publica un poema en la portada de Cartagena Nueva:


Buenaventura Durruti,
acero y cobre forjado!
Símbolo de fe y de gloria.
Peña altiva. Jefe sabio.
Guerrillero de la Tierra.
Consuelo de encadenados.

En enero de 1939, en el cine Máiquez de Cartagena se anunciaba un “magno festival organizado por la Casa de Andalucía de Cartagena para Comedores infantiles (hijos de los combatientes), en el que actuaran: La Banda del Regimiento Naval número 1; la Rondalla de la Flota; el Coro Montañés; Conchita Alvares; (…) y Antonio Segado”.

El 5 de marzo de 1939 salió con la Flota, probablemente en el Almirante Miranda que fue su buque durante la guerra. Llegó a Bizerta, Túnez, y fue internado en el campo de concentración de Meheri Zebbeus. En los documentos de la Regencia francesa, en abril de 1939, consta como “artillero de marina”. Cuando, el 14 de abril, los marinos prepararon en el campo, unos actos para celebrar la instauración de la República, fue Antonio Segado uno de los que recitó poemas y cantó acompañándose con su guitarra.
Mucho más tarde, marchó a Paris y allí vivió dedicado a cantar y componer. Era un verdadero showman con distintos espectáculos según el público ante quien actuaba. 
Falleció el 4 de junio de 1989. Está enterrado en el cementerio de Montmartre. La lápida es de granito negro con el retrato de Antonio Segado Arenas, el artillero poeta, dibujado con punta de diamante.


domingo, 2 de abril de 2017

Cierran el campo de concentración de Meheri Zebbeus (y 3)

Guardianes en Meheri Zebbeus. (Foto: Archivo familiar Ramón Casas Guitart, marinero de  2ª en el Jaime I.


El mes de abril de 1939 se estira en el campo de Meheri Zebbeus, sin perspectivas ni salidas a la situación de los marinos. Tratan de pasar el tiempo: dan clases de francés, de electricidad y de mecánica; organizan batallas de escorpiones; hacen un llamamiento en el  campamento para reunir todos los libros traídos de los buques y montar una biblioteca.

Poco a poco reciben noticias de España desde Oran o Gibraltar. Hablan de fusilamientos y represalias. Empiezan también a recibir carta de las familias. La mujer de uno de ellos le dice: “No mandes más muñecas para las nenas porque todas han llegado rotas”. No tienen hijas, ni su marido ha mandado muñecas, por supuesto. Es un aviso: las muñecas rotas son los marinos ejecutados. Efectivamente, en Cartagena se desató  una represión brutal y sistemática en la Marina.

En mayo se abre una posibilidad de salir del campo de concentración de Meheri Zebbeus, haciendo de hortelanos. Se trata de montar una granja agrícola en terreno baldío, cerca de la ciudad de Kasserine, a unos 300 km de Túnez capital, hacia el interior del país. Deberán trabajar sin contrato ni sueldo hasta “ver lo que cada uno da de sí”. Allí marcharán en torno a 200 marinos.

En septiembre Francia entra en guerra y necesita mano de obra urgente. Como en Francia, en el Protectorado de Túnez formaron Compañías de Trabajadores con los españoles. En  el campo de concentración de Meheri Zebbeus todos son enrolados, a la fuerza y bajo escolta, al servicio del Estado francés.  Unos 50 especialistas son mandados al arsenal de Ferryville. Otros deben marchar al monte Chambi, cerca de Kasserine, para hacer de leñadores, durante un invierno frio y nevado.  Otro grupo de 120 aproximadamente es mandado a Ghardimaou para ensanchar y arreglar una carretera, la “route nº6”, a pico y pala durante 10 horas de trabajo diario. Unos cuantos son mandados a trabajar como mineros en las minas de lignito en Cap Bon, al extremo este del país. Son enviados a cualquier sitio donde necesiten mano de obra gratuita: para limpiar cuadras llenas de chinches, para desenterrar una antigua presa a pico y pala, de peones para construir casas, de braceros en casas de colonos franceses.
Todos trabajan en condiciones muy duras: están alojados en tiendas de campaña del Ejército francés de África, los marabouts, por grupos de 10 ó 12 cuando estaban pensadas para seis soldados. Por colchones tienen el suelo que cubren con ramas, haga frio o calor. Trabajan “por un plato de sopa con grasa y algunos huesos de camellos”. Muchos van descalzos.

Pero, con todo, los que peor lo pasaron fueron los del “grupo de Gabès”. En septiembre de 1939, en el campo de Meheri Zebbeus las autoridades seleccionaron unos 270 ó 290  marinos. Son los “indeseables” o sea los rebeldes, los protestones, los indomables, los comunistas, los anarquistas. Este grupo forma la 7.ª Compañía de Trabajadores Extranjeros, anexionada al 1er Batallón de Infantería Ligera, conocido por ser un batallón disciplinario compuesto por personas que han cometido delitos o faltas graves en la vida civil o en el Ejército. Son los temidos batallones africanos de castigo.

“[Nos llevaron] al sur de Túnez, al desierto de Gabès en tren como borregos, custodiados por senegaleses que no nos dejaban ni asomarnos al exterior, hasta la ciudad de Gabès, y de allí, como no había más vías de ferrocarril, nos embarcaron en camiones hasta el desierto de Gabès […] lo pasamos muy mal. Aquello era un verdadero infierno”.


Prácticamente en diciembre de 1939 no queda nadie en Meheri Zebbeus y el campo cierra. Ya todos los marinos están “colocados”. Para coordinar y servir de enlace entre los “obreros” y las autoridades francesas en Túnez se abre en la capital un “Service Central des Travailleurs Espagnols”, que los españoles llaman la Casa de España. Al frente se encuentra el capitán de fragata Julián Sánchez de Erostarbe, ex-jefe del Estado Mayor Central de la Armada, que ha venido desde Francia donde había marchado al exilio.

El capitán de corbeta, Julián Sánchez Erostarbe

En junio de 1940, la firma del armisticio entre Francia y Alemania constituye un nuevo giro en la situación de los refugiados españoles. Otros campos, otros avatares esperan aún a los marinos republicanos.



Fuentes: Centre des Archives diplomatiques de Nantes (CADN). Fonds de la résidence française en Tunisie. 1º versement. Articles 2186-2187. Testimonios: marinos Manuel Pedreiro Pita, Juan Ponte Paseiro, Rafael Dasí Navarro,  Felipe Noguerol Otero, José Fernández Navarro. Bibliografía: ALEYA SGHAIER,  Amira, “Les réfugiés espagnols républicains en Tunisie en 1939” in Le mouvement social n°181, 4/1997, p. 31-52 ; Alpert, Michael, La guerra civil española en el mar, Madrid, Siglo XXI, 1987; EGEA BRUNO, Pedro María, La represión franquista en Cartagena (1939-1945), Cartagena: P.M. Egea, Novograf, 1987; FERNÁNDEZ DÍAZ Victoria, El Exilio de los marinos republicanos, Valencia: Universitat de València, 2009; GAFSI, Abdelhakîm, “La situación de los refugiados españoles en Túnez entre el 4 de febrero de 1939 y el 18 de julio de 1940, según unos documentos de archivos del Gobierno tunecino” in Almenara, vol. 10, Madrid 1976-1977, p. 94;  SANTIAGO Lucio y otros, Internamiento y resistencia de los Republicanos españoles en África del Norte durante la segunda guerra Mundial, Sant Cugat del Vallès (Barcelona): autoedición, 1981; YAZIDI, Bechir, El exilio republicano en Túnez, Ferrol: Editorial Embora, 2008



martes, 14 de marzo de 2017

El campo de concentración de Meheri Zebbeus (2)

Meheri Zebbeus. Foto hecha por José González López, maestro zapatero del Libertad.


En el campo de concentración de Meheri Zebbeus los marinos se organizaron en 19 compañías. El jefe francés del campo se llamaba Girard.

Hubo intentos de fugas pero los fugitivos eran rápidamente alcanzados: eran los únicos europeos en varios kilómetros a la redonda y ofrecían una recompensa para quienes los señalasen a las autoridades. Al ser devueltos al campo, eran encerrados en los calabozos –una casa habilitada al efecto– atados con cadenas, condenados a pan y agua, sin paja ni manta durante 30 días o más. 

A finales de marzo, el almirante franquista Salvador Moreno llegó a Bizerta al frente de varios barcos para recoger los buques de la Escuadra que las autoridades francesas se apresuraron a devolver a la España franquista tras las gestiones del mariscal Pétain, embajador de Francia en Madrid. Con este motivo, en el campo de Meheri Zebbeus, anunciaron la llegada de un telegrama concediendo una amplia amnistía.  Se dio lectura pública en todas las compañías del llamamiento para que volvieran a España, donde no tenían nada que temer los que no tuvieran “las manos manchadas de sangre”. Esto revolucionó el campo. Igual que muchos quedaron en Cartagena porque no consideraban haber cometido ningún delito, en el campo de concentración muchos pensaron lo mismo. Hay discusiones y se hacen cábalas.  Dos mil dos cientos ochenta y cinco marinos decidieron regresar. La cifra parece importante pero, en realidad, si se compara con las cifras de repatriaciones del Ejército de Tierra que pasa a Francia en febrero de 1939, proporcionalmente los marinos que vuelven es incluso un poco inferior. Cierto es que su situación en Túnez estaba llena de incertidumbres y probablemente tenían ganas de creer en esa clemencia que les prometían. El auxiliar alumno de electricidad, Francisco Díaz Bueno describió la situación en que se encontraban : “Éramos una especie de prisioneros de Francia, perdidos en un páramo, mal comidos, mal dormidos, sin brújula ni nadie que nos hablase ni poco ni mucho de nuestro porvenir en su aspecto más humano”.

La mayoría de los que volvieron tuvieron que sufrir el engaño, ensañamiento y revanchismo propios de la postguerra del régimen franquista (ver, por ejemplo, el caso de Guillermo Campoy Zapata). 

En el campo quedaron 1850 hombres. El jefe francés del campo, Girard, es sustituido por un capitán de la Guardia Republicana, François Loison. Mandó quitar las ametralladoras e instalar duchas. Una mejora, sin duda.

El 5 de abril distribuyeron jabón por primera vez. Un día, repartieron medio kilo de pan blanco a cada uno. Una fiesta. Era, al parecer, un regalo de los ex combatientes franceses de Sfax. Mientras que las autoridades coloniales francesas mantuvieron una actitud desconfiada ante la llegada de los marinos republicanos,  éstos fueron recibidos, en cambio, con entusiasmo por una parte de la población que se solidarizó con ellos y con la causa republicana. Se constituyó un Comité de Tunisie du Rassemblement Populaire que les recibió con entusiasmo en Ferryville y a lo largo de la ruta hacia Meheri Zebbeus. Los marinos recordaban “el magnífico y cariñoso comportamiento de la población civil, que a nuestro paso (…) nos lanzaban comida, bebidas, ropas y otros objetos de utilidad por las ventanillas, y echándonos besos con las manos gritaban “Viva los marinos de la República española”. Varias organizaciones como el Comité International de Coordination et d’Information  pour l’Aide à l’Espagne Républicaine, el Secours Populaire de Tunisie, el sindicato comunista CGT, la SFIO (Partido Socialista Unificado), el Parti Communiste Tunisien mandaron víveres y medicamentos para aliviar en lo posible la situación de los refugiados percibida como denigrante. La CGT lamentaba en un comunicado que los poderes públicos persistieran en considerar a los “camaradas republicanos como condenados de derecho común”. Una declaración de organizaciones democráticas tunecinas en las que participaron, entre otros, la Liga de los Derechos del Hombre y del Ciudadano o la Federación de los Combatientes Republicanos, denunciaba haber constatado “con estupor y tristeza el régimen inhumano al que son sometidos los refugiados españoles (…) que con 40º grados de temperatura media viven (…) en condiciones lamentables. Desprovistos de zapatos, van con los pies desnudos por la arena abrasadora y (…) el agua les es distribuida parcamente sólo cuatro horas al día”. 



Fuentes: Centre des Archives diplomatiques de Nantes (CADN). Fonds de la Résidence française en Tunisie. 1º versement. Articles 2186-2187.
Testimonios: marinos Daniel Díaz Roldán, Manuel Pedreiro Pita, José Fernández Navarro, Francisco Díaz Bueno.
Bibliografía: ALEYA SGHAIER,  Amira, “Les réfugiés espagnols républicains en Tunisie en 1939” in Le mouvement social n°181, 4/1997, p. 31-52 ; FERNÁNDEZ DÍAZ Victoria, El Exilio de los marinos republicanos, Valencia: Universitat de València, 2009; GAFSI, Abdelhakîm, “La situación de los refugiados españoles en Túnez entre el 4 de febrero de 1939 y el 18 de julio de 1940, según unos documentos de archivos del Gobierno tunecino” in Almenara, vol. 10, Madrid 1976-1977, p. 94 y ss;; SANTIAGO Lucio y otros, Internamiento y resistencia de los Republicanos españoles en África del Norte durante la segunda guerra Mundial, Sant Cugat del Vallès (Barcelona): autoedición, 1981; YAZIDI, Bechir, El exilio republicano en Túnez, Ferrol: Editorial Embora, 2008.